Si bien el énfasis en la prevención es un mensaje pertinente, también abre espacio para una reflexión crítica sobre la capacidad del sistema de salud para sostener estas medidas en el tiempo. Como señaló Macarena Montoya, secretaria de Salud del Estado de México, no existen brotes de sarampión en las escuelas y los casos registrados han sido leves; sin embargo, la recomendación del uso de cubrebocas y la vigilancia sanitaria en los planteles evidencian la fragilidad de los equilibrios epidemiológicos. La cercanía con estados que enfrentan mayores contagios obliga a actuar con cautela, pero también a fortalecer la cobertura de vacunación y la comunicación clara con la comunidad educativa para evitar mensajes confusos. La prevención es necesaria, pero su efectividad dependerá de que no se quede en lineamientos generales y se traduzca en acciones consistentes, medibles y sostenidas que garanticen protección real a la población.

Cascos que salvan vidas
Las cifras sobre siniestralidad vial en Toluca obligan a dejar de ver los accidentes como hechos aislados y a asumirlos como un problema de política pública. En ese contexto, la campaña Cascos que cuentan historias, impulsada por el gobierno de Ricardo Moreno, apunta en la dirección correcta al colocar la prevención y el autocuidado en el centro del debate. No obstante, la magnitud del problema —con ingresos hospitalarios casi duplicados y decenas de fallecimientos en un solo año— revela que la concientización debe ir acompañada de una aplicación más estricta del reglamento y de una vigilancia constante en las calles. La participación de empresas y plataformas de reparto suma, pero el verdadero impacto dependerá de que estas acciones se traduzcan en cambios reales de conducta y en una ciudad donde la seguridad vial deje de ser un discurso y se convierta en una práctica cotidiana.

Obras con prisa
El señalamiento hecho por el PRI mexiquense abre una discusión incómoda pero necesaria sobre las prioridades del gobierno estatal en materia de infraestructura. Como advirtió Cristina Ruiz Sandoval, la concentración de recursos y esfuerzos en obras vinculadas al Mundial 2026 deja la impresión de que el calendario de un evento internacional pesa más que las necesidades cotidianas de movilidad de la población. Más allá del debate partidista, los procesos acelerados de contratación y la diferencia entre los recursos aprobados y los ejercidos obligan a preguntar si existe una planeación de largo plazo o solo decisiones reactivas. La obra pública no debería justificarse por la prisa ni por la coyuntura, sino por su impacto social, su transparencia y su capacidad de resolver problemas estructurales que llevan años esperando atención.

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