El Insurgente

La apuesta forestal

El ambicioso arranque de la campaña de reforestación 2026 en el Estado de México pone bajo los reflectores no solo la urgente necesidad de recuperar la masa forestal de la entidad, sino la viabilidad real de los programas institucionales. Al fijar una meta de más de seis millones de árboles plantados, la Protectora de Bosques (Probosque), encabezada por Alejandro Sánchez Vélez, asume un compromiso mayúsculo cuya verdadera métrica de éxito no radicará en la cantidad de brotes introducidos a la tierra, sino en su mantenimiento a largo plazo. Si bien el sistema de la dependencia promete una tasa de supervivencia superior al 80 por ciento —una cifra que supera holgadamente el promedio nacional—, el reto histórico del suelo mexiquense siempre ha sido el abandono posterior de las zonas intervenidas. El llamado a la participación ciudadana y el respaldo anunciado por la gobernadora Delfina Gómez son pasos correctos, pero la sostenibilidad ambiental exige que esta jornada en Almoloya de Juárez no se quede en la fotografía oficial, sino en una política de Estado constante frente al embate de la deforestación y la mancha urbana.

Alejandro Santiago Sánchez Vélez / Foto: Especial

Productividad o archivo

El balance del Grupo Parlamentario del PRI en la Legislatura local, con apenas un 30 por ciento de aprobación en su nutrida agenda, refleja la compleja aduana que enfrenta la oposición para materializar sus propuestas bajo la actual realidad política del Estado de México. Al buscar que más de 70 iniciativas no precluyan en el próximo periodo de sesiones, el liderazgo de Elías Rescala intenta mantener a flote temas de indudable impacto social —como los subsidios vehiculares, la indemnización por baches y el apoyo a las emprendedoras— que tocan los bolsillos del ciudadano. Sin embargo, el desafío del partido no radica solo en la cantidad de decretos promovidos, sino en su capacidad de negociación frente a la mayoría legislativa para transitar de la bandera política a la realidad jurídica. Priorizar la viabilidad presupuestal de estas propuestas será crucial; de lo contrario, la agenda del partido se quedará en un catálogo de buenas intenciones archivadas.

Ixtacalco defiende su historia

El blindaje al patrimonio virreinal de San Mateo Ixtacalco frente a las obras del Tren México-Querétaro demuestra que el desarrollo de la infraestructura federal no tiene por qué pisotear la identidad ni la historia de las comunidades locales. El acuerdo logrado entre los vecinos, la SICT y la Sedena para no intervenir el entorno de su iglesia del siglo XVII es un acierto de mediación, pero también una llamada de atención sobre los severos retrasos que arrastra el proyecto ferroviario desde finales de 2025. Aunque la comunidad no consiguió el viaducto elevado, la exigencia de revisar los planos y condicionar el avance de las vialidades complementarias expone los riesgos de ejecutar obras de gran calado sin una planeación socialmente consensuada. Al final, este caso deja claro que la prisión militar no puede ignorar el tejido comunitario mexiquense; el éxito de la conectividad metropolitana dependerá de que los puentes de concreto se tiendan con la misma solidez que los acuerdos políticos.

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