El dinamismo económico de Huixquilucan refleja una fórmula que pocas veces falla: coordinación sostenida entre gobierno y sector privado. Bajo la gestión de Romina Contreras, los indicadores muestran consistencia, pero también un mensaje claro de certidumbre para la inversión. No es menor que el municipio aporte 4.1% del PIB estatal, pues habla de una estrategia que prioriza infraestructura, seguridad y apertura económica. La llegada de capital extranjero y el crecimiento de unidades económicas consolidan un entorno competitivo. Sin estridencias, el modelo apunta a resultados medibles y a una política que privilegia el empleo local.
La propuesta impulsada por Brenda Colette Miranda Vargas pone sobre la mesa una deuda estructural en los municipios mexiquenses: la falta de una gestión integral de las vialidades. Más que crear nuevas áreas, el reto será dotarlas de capacidad técnica, presupuesto y continuidad para evitar que queden en el papel. La iniciativa acierta al señalar que el deterioro vial no solo costos implica económicos, sino también riesgos a la seguridad y a la movilidad cotidiana. Ordenar y profesionalizar esta función podría traducirse en mejores condiciones urbanas. Sin embargo, su éxito dependerá de la voluntad municipal para asumirla como una prioridad real.
La pavimentación en Chalco, enmarcada en el Plan Integral Zona Oriente, evidencia cómo la coordinación entre órdenes de gobierno puede traducirse en soluciones concretas a rezagos históricos. Bajo el impulso de Claudia Sheinbaum Pardo, este tipo de intervenciones apuntan a dignificar espacios que durante décadas quedaron relegados. Más allá de la obra, el reto será mantener continuidad y evitar que el abandono vuelva a imponerse. La apuesta por infraestructura básica también impacta en seguridad y movilidad cotidiana. Cuando la planeación se sostiene, los resultados comienzan a ser visibles en la vida diaria de la población.
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