La aprobación de la Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal en el Estado de México marca un avance significativo en una agenda que por años fue relegada, al reconocer con mayor firmeza la dignidad de los seres sintientes. En este contexto, la postura de José Alberto Couttolenc Buentello resulta relevante al impulsar medidas que buscan atender de raíz el maltrato y el abandono. Más allá del endurecimiento de sanciones, el valor de esta legislación radica en establecer un marco integral que promueve la responsabilidad social y la coordinación institucional. Se trata de un paso que, si bien no resuelve por completo la problemática, sienta bases más claras para su atención. La expectativa ahora recae en su correcta aplicación y en la participación activa de la sociedad para consolidar un cambio cultural duradero.

Protección a periodistas, paso necesario
Las recientes reformas impulsadas por el gobierno de Delfina Gómez Álvarez representan un paso relevante para fortalecer la protección de periodistas y personas defensoras de derechos humanos en el Estado de México. Más allá del discurso, la incorporación de herramientas como un directorio voluntario y protocolos de atención refleja una intención de atender riesgos de manera preventiva y estructurada. Destaca también el enfoque humano al garantizar acceso a servicios médicos y apoyos en situaciones críticas, lo que amplía la visión tradicional de protección. Si bien el reto estará en su correcta implementación, estas acciones apuntan a generar condiciones más seguras para el ejercicio de libertades fundamentales. En un contexto complejo para la labor periodística, avanzar en este tipo de esquemas institucionales resulta no sólo oportuno, sino necesario.

Recursos al campo, solución parcial
En un entorno cada vez más marcado por la incertidumbre climática, el impulso al campo mexiquense mediante recursos directos resulta una señal positiva, aunque todavía insuficiente frente a la magnitud de los daños. La estrategia expuesta por María Eugenia Rojano Valdés apunta a corregir viejas distorsiones, al eliminar intermediarios y priorizar a pequeños productores. Sin embargo, el reto no sólo es compensar pérdidas, sino construir esquemas de prevención y resiliencia a largo plazo. Si bien los 40 millones de pesos representan un alivio inmediato, el campo requiere políticas sostenidas que trasciendan la reacción ante desastres. Apostar por su fortalecimiento estructural será clave para garantizar su viabilidad futura.

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