Hablar de cáncer infantil siempre estremece, pero también obliga a mirar de frente una realidad que no admite indiferencia. Que el Gobierno del Estado de México refuerce el llamado a la detección oportuna y que el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios atienda actualmente a decenas de niñas y niños con tratamientos especializados es una noticia que merece subrayarse, no sólo por las cifras, sino por lo que representan en términos de esperanza. Alcanzar una sobrevida cercana al 80 por ciento en leucemias agudas y evitar muertes tempranas al inicio de los tratamientos habla de avances médicos concretos, pero también de equipos comprometidos. Sin embargo, el desafío va más allá de la infraestructura hospitalaria. En una fecha como esta, más que discursos, lo que realmente salva vidas es la combinación de información, acceso efectivo a servicios de salud y un acompañamiento humano que sostenga a las familias en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Durante años, el crecimiento habitacional en el Estado de México fue sinónimo de fraccionamientos levantados a toda prisa y servicios que llegaban tarde o nunca. Por eso resulta relevante que, bajo el esquema actual, la entrega de vivienda esté vinculada de manera obligatoria al equipamiento urbano. Las 978 obras reportadas y casos como el de Tecámac, donde Carlos Maza Lara encabezó la entrega de escuelas, áreas verdes y espacios deportivos junto con nuevas casas, apuntan a una lógica más integral: no sólo construir techos, sino comunidad. El desafío, sin embargo, no termina con la inauguración; la verdadera prueba será que los municipios mantengan en buen estado esa infraestructura y que el crecimiento siga siendo ordenado, no rebasado por la demanda. Si la planeación urbana deja de ser discurso y se convierte en regla permanente, el Estado de México podría comenzar a saldar una deuda histórica con miles de familias que no sólo buscan vivienda, sino calidad de vida.
El repunte de casos de sarampión vuelve a recordarnos que las lecciones de la pandemia no deberían archivarse tan pronto. Aunque el uso de cubrebocas ya no es obligatorio en el Estado de México, la recomendación de retomarlo en espacios cerrados o escolares no parece exagerada frente a más de 3 mil contagios confirmados en el país. La secretaria de Salud, Macarena Montoya Olvera, ha sido clara al explicar que su correcta utilización puede reducir de forma importante la posibilidad de transmisión, pero también al subrayar que la vacuna sigue siendo la herramienta más eficaz. Más que alarmismo, lo que se requiere es responsabilidad compartida: padres atentos a los esquemas de vacunación, adultos que verifiquen si cuentan con sus dosis y autoridades que informen con transparencia. El cubrebocas puede ayudar, sí, pero la verdadera barrera contra el sarampión sigue siendo la prevención oportuna y una cultura de salud pública que no dependa de la emergencia para activarse.
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