Edmundo Luis Valdeña Bastida

Una sociedad que cuida a quienes cuidan.

En el Estado de México viven más de 900 mil personas con discapacidad. Detrás de cada una, hay una persona cuidadora que sostiene con 11 horas diarias de trabajo no remunerado.

En el Estado de México entendimos algo fundamental: la discapacidad no se atiende con lástima, se atiende con derechos.

De acuerdo con la ENADID 2023 del INEGI, en México 8.9 millones de personas viven con discapacidad. El Estado de México, por su tamaño poblacional, concentra el mayor número absoluto del país. Son familias de Toluca, Ecatepec, Nezahualcóyotl, Naucalpan, que todos los días enfrentan barreras físicas, económicas y sociales.

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La Organización Mundial de la Salud lo ha dicho claro: 1 de cada 6 personas en el mundo vive con discapacidad. La desigualdad no proviene de su condición, proviene de las barreras que como sociedad les imponemos.

Pero hoy quiero hablar de la otra parte de la historia, la que no aparece en las estadísticas.

Quiero hablar de quien cuida.

De la madre que se levanta de madrugada para administrar medicamentos. Del padre que hace filas para una terapia. De la hija que deja de trabajar para empujar una silla de ruedas. Del esposo que aprende a bañar, a vestir, a alimentar.

En México, un estudio de la UNAM y el Hospital Juárez documentó que 69% de las personas cuidadoras primarias dedica más de 11 horas diarias al cuidado. Otro estudio nacional encontró que 58% presenta sobrecarga.

No es un dato menor. Es una jornada laboral completa sin salario, sin horario y sin descanso.

Y aquí viene la pregunta que como sociedad mexiquense debemos hacernos: ¿quién cuida al cuidador?

Porque el cuidado también enferma. Levantar, movilizar, trasladar durante meses y años tiene consecuencias físicas. Y sostener emocionalmente a otra persona, sin redes de apoyo, desgasta.

En el Estado de México esta realidad tiene rostro de mujer. Son madres, hijas, esposas y abuelas quienes asumen mayoritariamente el cuidado. Mujeres que tienen que decidir entre estudiar o cuidar, entre trabajar o cuidar, entre atender su propia salud o la de alguien más.

No podemos seguir romantizando el sacrificio. No queremos familias heroicas que soportaron todo solas. Queremos familias acompañadas.

Por eso, desde la política social del Estado de México, el reto es pasar de la entrega de apoyos a la construcción de un verdadero sistema de cuidados.

No basta con entregar una silla de ruedas, hay que preguntar quién la va a movilizar. No basta con otorgar una terapia, hay que preguntar quién la va a llevar y qué necesita para hacerlo sin lastimarse.

Un sistema de cuidados significa capacitación para cuidadores, espacios de respiro, acceso a salud, orientación y redes comunitarias. Significa reconocer que cuidar es un trabajo que sostiene a toda la sociedad.

Al final, todos podemos necesitar cuidados. Todos podemos llegar a una edad o a una condición donde necesitemos de alguien más.

Por eso construir inclusión en el Estado de México no es solo construir rampas. Es construir oportunidades. No es solo hablar de discapacidad, es hablar de derechos. Y no es solo reconocer a las personas cuidadoras, es acompañarlas.

Porque una sociedad verdaderamente humanista no solo protege a quien necesita ayuda. También protege a quien todos los días extiende la mano para ayudar.

Esa es la sociedad que debemos construir en el Estado de México: una donde nadie tenga que elegir entre cuidar a quien ama y cuidar de sí misma.

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