Las madres buscadoras en un esfuerzo sobrehumano, hacen lo que no les corresponde. Sin importar nada más, recorren cerros, escarban la tierra con palas y hasta con sus propias manos. Organizan brigadas y enfrentan el miedo que las autoridades no han logrado evitar. Con picos, azadones, todo tipo de herramientas y fotografías, salen cada día a buscar a sus hijas o hijos desaparecidos. No es su deber sustituir a quienes tienen la obligación de proteger, pero el dolor les mueve ante la inacción oficial.
"¡Hasta encontrarle!", es el grito de guerra, de auxilio, de intento de sensibilización. Se ve todos los días en las redes sociales, en la página de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de México. Cada ficha que se difunde representa una historia de dolor y preocupación, una familia fracturada. Sin embargo, con la constante publicación de alertas —Odisea, Alerta Amber y otras— se corre el riesgo de normalizar las desapariciones, como ya ocurre con la violencia provocada por grupos criminales
México vive una crisis profunda, con más de 110 mil personas desaparecidas, eso en registros oficiales recientes. El Estado de México figura entre las entidades con mayor número de reportes, particularmente en municipios como Ecatepec, Naucalpan y Toluca. Podría decirse que es normal por el número de habitantes, pero nada es normal cuando se trata de inseguridad para la gente. No son números, cada persona tiene un nombre, un rostro y una familia que espera. Eso no debemos olvidarlo. Pero mientras aumentan las y los desaparecidos, la respuesta institucional se hace más insuficiente.
El Estado de México registra desapariciones que exigen mayor esfuerzo oficial. Publicar fichas no basta. La búsqueda requiere operativos efectivos, coordinación entre instituciones y acciones inmediatas. No se puede permitir que la respuesta sea archivar casos o difundir imágenes, mientras las familias recorren el país en busca de sus seres queridos sin más que su propio dolor.
El nombramiento de Avelino Blanco Guido como comisionado de la COBUPEM da una esperanza, pero también representa gran responsabilidad. Debe coordinar acciones con colectivos como Mariposas Buscando Corazones y Justicia Nacional, Ehécatl y las células de búsqueda en municipios como Ecatepec. Estos grupos han demostrado que la sociedad civil no solo acompaña, sino que muchas veces encabeza la búsqueda.
No basta la empatía para las madres buscadoras. Se les debe prestar atención, seguridad y resultados. Es urgente que sean integradas plenamente en las estrategias de búsqueda, pues ya adquirieron mucha experiencia en campo. Se les debe dar certeza de que sus denuncias se investigan y que sus esfuerzos valen la pena.
Negar la magnitud del problema o rechazar análisis internacionales no contribuye a resolverlo. La crisis de desapariciones en México ha sido señalada por organismos internacionales. El Estado de México no puede evadir esa realidad. Se debe enfrentar la tragedia que ahí está ya y evitar que crezca todavía más.
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