Hay discusiones que México debía ya haber superado hace muchos años. Una de estas es la necedad de decidir por las mujeres qué pueden o no hacer con su cuerpo. Se puede estar de manera personal en contra del aborto, jamás practicarse uno y defender esa convicción. Lo que no se puede ni se vale es tratar de sea una imposición para las demás y, menos, querer resolver a través del Código Penal una decisión que corresponde a cada mujer.
Los datos publicados por TResearch, la empresa de Carlos Penna, ponen de nuevo el tema en discusión. En agosto de 2026 se registraron en México 100 carpetas de investigación por aborto, contra 75 del mismo mes de 2025: un incremento de 33 por ciento. Entre enero y agosto sumaron 636 y, en lo que va del actual sexenio, Ciudad de México, Nuevo León y Estado de México concentran 67 por ciento de los registros. Hay que precisar que las cifras del Secretariado Ejecutivo corresponden a presuntos delitos registrados en carpetas de investigación; no significan automáticamente 100 mujeres denunciadas, procesadas o condenadas.
En Edomex está despenalizado, no legalizado
El caso del Estado de México resulta particularmente llamativo. El Congreso local aprobó el 25 de noviembre de 2024 la despenalización del aborto voluntario hasta las doce semanas de gestación. El decreto fue publicado el 6 de diciembre y entró en vigor al día siguiente. Sin embargo, las carpetas no desaparecieron. De acuerdo con los datos recopilados por TResearch, la entidad acumula 292 registros durante el actual sexenio. Incluso entre enero y junio de este año se habían contabilizado 117. ¿Qué pasa entre lo que dice la ley y lo que ocurre cuando una mujer llega ante una institución? Claro, las y los diputados lo dejaron al aire, porque está despenalizado, no legalizado.
El problema es que despenalizar no necesariamente termina con la criminalización. Una carpeta puede tener circunstancias distintas y no todas pertenecen a una mujer perseguida por interrumpir voluntariamente un embarazo dentro del plazo permitido. Pero organizaciones especializadas han advertido que persisten denuncias, investigaciones, desconocimiento de las normas y estigmas incluso en entidades donde el aborto ya fue despenalizado. ¿Por qué una mujer que enfrenta una emergencia obstétrica o solicita atención médica todavía puede sentir miedo de terminar frente al Ministerio Público?
Legalizar también salva vidas
Y dirán lo que quieran y se pondrán d encabeza muchas y muchos por cuestiones morales, pero la Secretaría de Salud de la Ciudad de México informó en abril pasado que, desde la aprobación de la Interrupción Legal del Embarazo en 2007, se han brindado más de 300 mil atenciones sin registrar una sola muerte materna asociada a esos procedimientos. Es claro que cuando el aborto sale de la clandestinidad y entra al sistema sanitario, puede realizarse con personal capacitado, medicamentos adecuados, seguimiento y condiciones médicas seguras. Ello representa vida para las mujeres.
La propia Secretaría de Salud federal reconoce al aborto inseguro como un problema de salud pública y sostiene que sus complicaciones y muertes son evitables con la tecnología médica disponible. México pasó, además, de apenas 41 servicios públicos de aborto seguro en 2021 a 405 en 2026. Ese camino es el mejor porque se cuenta con información, anticoncepción, prevención, educación sexual y servicios médicos seguros. No debe haber persecución. Tampoco debe darse en clandestinidad. Y menos, se debe tener miedo.
Nadie se le obliga abortar porque el aborto sea legal. Es obvio que el tema se pierde cuando hay una discusión cargada de prejuicios. Despenalizar significa que quien, por razones personales, religiosas o morales, decida continuar con un embarazo pueda hacerlo; y que quien decida interrumpirlo dentro de la ley también pueda hacerlo sin arriesgar la vida ni convertirse en delincuente. La maternidad es una elección, nunca debe representar un castigo. El cuerpo de una mujer debe dejar de ser territorio de decisión de legisladores, jueces, iglesias, partidos, familias... Nadie. Su cuerpo. Su decisión. Se llama derecho humano.
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