El tiroteo en la zona arqueológica de Teotihuacán, donde un exmilitar asesinó a una turista canadiense e hirió a varios visitantes extranjeros, sacudió al país y quizá hasta al mundo. Aquí en el Estado de México la preocupación no se disipa y se han reforzado medidas de seguridad. A partir de ese hecho, la violencia de esa naturaleza dejó de estar tan lejana y volvió a colocarse en espacios públicos y muy simbólicos. En este contexto, cualquier señal de riesgo enciende alarmas con rapidez. Y si son espacios educativos, con mayor razón.
Eso ocurrió en la Universidad Autónoma del Estado de México. Primero surgió una alerta en la Facultad de Lenguas y después apareció otra amenaza en la Preparatoria 5 “Ángel María Garibay”. En este último plantel se reportó una pinta con el mensaje “tiroteo este 22 de abril” y una advertencia aún más grave: “ninguna saldrá viva”. La reacción de las autoridades universitarias fue inmediata con la suspensión de clases presenciales el 22 y 23 de abril y el traslado de actividades a formato en línea.
Orden inmediata para aplicar el protocolo
La decisión no admitía titubear. La rectora Patricia Zarza Delgado ordenó aplicar el protocolo. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México acudió a investigar desde el primer momento en la Facultad de Lenguas, mientras que autoridades municipales desplegaron seguridad en ambos planteles. Incluso se habla de una persona identificada como posible responsable de una de las pintas. Esperemos que así sea.
Puede tratarse de una broma de mal gusto, de las que algunos estudiantes inmaduros creen ingeniosas para evitar clases. Sin embargo, el contexto no permite minimizar nada. Después de lo ocurrido en Teotihuacán, cualquier mensaje de este tipo adquiere otra dimensión y debe actuar pese a la estupidez de algunos. Las autoridades no tienen margen para suponer ni para esperar a que algo suceda.
También resulta difícil pensar en una amenaza real coordinada en dos planteles al mismo tiempo o en una reacción directa al ataque en la zona arqueológica. La hipótesis de que se trate de imitaciones o provocaciones desde espacios digitales se ve complicado, pero no puede ni debe descartarse. Los mensajes se atribuyen a grupos vinculados con la comunidad “incel”, que ya han sido relacionados con episodios violentos, como el ataque en la UNAM en septiembre de 2025.
El miedo, la psicosis, siempre es el problema mayor
Pero el problema de fondo es otro. Se trata del miedo que se contagia. La psicosis colectiva puede avanzar a un ritmo acelerado cuando se combinan hechos violentos reales con amenazas que circulan sin control. Ese clima afecta a estudiantes, docentes y personal administrativo. También golpea la confianza en espacios que deberían ser seguros.
Ojalá que con las investigaciones se identifique pronto a los responsables. Si todo es una broma, el castigo debe ser ejemplar, incluso con expulsión. No se trata de exagerar, sino de entender el momento que se vive. La violencia puede llegar muy lejos, y ya lo vimos. Por ello es importante saber de qué se trata esto.
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