Cada 8 de marzo el mundo recuerda que la equidad entre mujeres y hombres es una tarea pendiente. En México, la fecha se ha convertido en un momento de reflexión sobre los avances logrados, pero también sobre las grandes deudas que la sociedad mantiene con millones de mujeres. La realidad cotidiana muestra que la desigualdad persiste de múltiples formas.
La desigualdad que se vive en silencio
Un gran pendiente es la pobreza que afecta de manera desproporcionada a las mujeres. En muchos hogares, ellas sostienen la economía familiar a través de trabajos informales, mal pagados o sin seguridad social. La llamada "feminización de la pobreza" es una realidad visible en comunidades donde las mujeres cargan con la responsabilidad del cuidado, la crianza y el sustento, la mayoría sin el respaldo de políticas públicas.
La desigualdad se profundiza en las zonas rurales. Miles de mujeres enfrentan una doble o triple exclusión: por ser mujeres, por vivir en comunidades alejadas y, en muchos casos, por pertenecer a pueblos indígenas. La falta de acceso a educación, servicios de salud, créditos productivos y propiedad de la tierra, limita sus oportunidades de desarrollo. Pero son ellas las que sostienen gran parte de la economía agrícola y comunitaria.
A esta realidad se suman miles que trabajan en fábricas, talleres y maquilas donde las condiciones laborales están alejadas de ser dignas. Muchas reciben salarios bajos, carecen de seguridad social y trabajan largas jornadas sin supervisión de autoridades laborales. En estos espacios, donde la necesidad obliga a aceptar condiciones, las mujeres suelen enfrentar además hostigamiento, presión para cumplir metas de producción y pocas posibilidades de exigir sus derechos. Por no hablar incluso de acoso sexual.
Violencia y brecha laboral
Otro de los temas más urgentes es la violencia de género. México continúa registrando cifras alarmantes de feminicidios y agresiones contra mujeres. Cada caso refleja no solo la tragedia individual de una vida arrebatada, sino también fallas en la prevención, la procuración de justicia y la protección de las víctimas. La impunidad, en muchos casos, agrava el dolor de las familias.
La desigualdad también se manifiesta en el ámbito laboral. Aunque cada vez más mujeres participan en el mercado de trabajo y ocupan espacios profesionales, la brecha salarial persiste. Muchas reciben menores ingresos que los hombres por labores similares, enfrentan obstáculos para acceder a puestos de liderazgo y cargan con la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado. El 8M no es una fecha de conmemoración, sino un recordatorio de que la igualdad sustantiva sigue siendo una meta pendiente para México.
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