Daniel Monroy

¿Puede México ser campeón del mundo?

ENTRE COSTURAS

En el béisbol, todo ocurre entre costuras. Pero hay momentos en que esas costuras parecen coser algo más grande que un juego: cosen esperanza. El Clásico Mundial de Béisbol está a la vuelta de la esquina y la pregunta ya no es si México competirá. La pregunta es más incómoda, más ambiciosa y más emocionante: ¿puede México ser campeón del mundo?

Hace tres años, la selección mexicana estuvo a tres outs de jugar una final histórica. Lo que ocurrió en Miami en 2023 no fue una sorpresa aislada; fue una confirmación. México no solo pertenece a la élite del béisbol internacional, puede competir de tú a tú con cualquiera. Y esa diferencia —entre pertenecer y aspirar— lo cambia todo, porque deja de ser ilusión y se convierte en posibilidad concreta.

La semifinal ante Japón dejó algo más que una eliminación dolorosa; dejó convicción. México no perdió por falta de talento, perdió por detalles, por ejecución, por esa delgada línea que separa la gloria del aprendizaje. Desde entonces, la narrativa cambió. Ya no se trata del equipo incómodo que puede dar una sorpresa, sino del equipo que otros miran con respeto. Y ese respeto implica presión, pero también implica oportunidad.

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México llega a este Clásico con algo que en otros ciclos no tenía: profundidad real. No depende de un solo brazo ni de un solo bate; hay poder, contacto, defensa y velocidad. La rotación puede competir con cualquiera, el bullpen dejó de ser una interrogante y ofensivamente hay peloteros que no solo participan en Grandes Ligas, sino que son protagonistas en sus organizaciones. Esa combinación no garantiza nada, pero sí coloca a la selección en un escenario distinto al de torneos anteriores.

Más allá de los nombres, hay un intangible que pesa más en el Clásico: la identidad. Este grupo ya sabe lo que significa jugar con el país detrás. Ya sintió la adrenalina de un estadio entero gritando “México” en territorio neutral. Ya entendió que este torneo no se juega como abril ni como octubre. El Clásico tiene otra temperatura, otra tensión y otra narrativa. Se juega diferente.

El formato tampoco perdona. Ser campeón no será sencillo porque el Clásico no ofrece margen amplio: son pocos juegos y un mal día puede costar todo. La eliminación directa no entiende de estadísticas acumuladas ni de proyecciones. Enfrente estarán potencias históricas como Japón, con su precisión quirúrgica; Estados Unidos, con su profundidad casi infinita; Dominicana, con su explosividad natural; y Puerto Rico, con su tradición competitiva. Ganar un Clásico no es solo ser bueno, es ser oportuno. México lo fue en 2023 hasta que dejó de serlo en una novena entrada, y esa experiencia, más que herida, puede convertirse ahora en ventaja.

Hay algo que entusiasma más que los números: la mentalidad. En ciclos anteriores, México llegaba con el discurso de “hacer un buen papel”. Hoy el discurso es distinto; se habla de competir por el título. Eso no garantiza nada, pero cambia la postura. El béisbol, más que ningún otro deporte, es profundamente psicológico: un equipo que se sabe capaz juega distinto, se planta distinto y responde distinto. Y esta selección ya no entra a pedir permiso.

¿Es realista pensar en el campeonato? Sí. No como acto de fe ciega ni como patriotismo exagerado, sino como análisis frío. México tiene talento de Grandes Ligas en posiciones clave, experiencia reciente en instancias decisivas, un manager que ya navegó este formato y un grupo que entiende la presión. Eso lo coloca dentro del grupo serio de aspirantes. Favorito absoluto, no; el Clásico no funciona así. Es un torneo demasiado corto para hablar de garantías. Pero aspirante legítimo, sin duda, y eso para el béisbol mexicano ya es histórico.

Aquí entra la parte menos objetiva y más humana: quiero que México sea campeón. No porque el béisbol necesite validarse ni porque el país dependa de un trofeo, sino porque un campeonato sería el momento definitivo en que este deporte dejaría de ser alternativa para convertirse en protagonista nacional. Cambiaría generaciones. Haría que miles de niños eligieran un guante, que más familias llenaran estadios y que el béisbol dejará de explicarse para empezar simplemente a vivirse.

Ser campeón del mundo no es una fantasía; es una posibilidad exigente. El camino será complicado, habrá rivales de élite, momentos de tensión máxima y entradas que parezcan eternas. Pero por primera vez en mucho tiempo, México no viaja al Clásico como invitado, sino como contendiente, y eso cambia la manera en que vemos el torneo.

La ilusión no es ingenua, es razonable. ¿Puede México ser campeón? Sí. ¿Será fácil? Nunca lo es. Pero si algo enseñó 2023 es que este equipo ya no juega con miedo. Y cuando una selección pierde el miedo, empieza a ganar respeto.

Marzo nos dirá si también puede ganar el mundo.

@elbarbondelbeisbol

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