En el béisbol, todo ocurre entre costuras, pero cuando septiembre llega a sus últimos outs esas costuras comienzan a apretarse. Después de casi seis meses, 162 juegos y cientos de viajes, las Grandes Ligas están a punto de reducir treinta equipos a doce. Algunos ya pueden pensar en octubre, otros todavía necesitan conseguir las últimas victorias y varios descubren que clasificar a la postemporada no significa necesariamente haber terminado el trabajo. Porqué octubre tiene varias puertas.
Desde la ampliación de la postemporada, doce equipos consiguen boletos: seis de la Liga Americana y seis de la Nacional. En cada liga avanzan los campeones de las tres divisiones y otros tres equipos mediante el Wild Card. Hasta ahí parece sencillo. Lo interesante comienza cuando esos seis equipos reciben un número.
Los campeones divisionales con los dos mejores récords de cada liga se convierten en los sembrados uno y dos y reciben quizá el premio más valioso de esta última semana: descansar la primera ronda y avanzar directamente a las Series Divisionales.
El tercer campeón divisional no tiene ese privilegio. Aunque haya ganado su sector, deberá disputar una Serie de Comodines contra el sembrado número seis. Los otros dos comodines, cuarto y quinto, se enfrentarán entre ellos.
Y ahí cambia completamente el significado de estos últimos juegos. Porque no es lo mismo llegar a octubre descansando que comenzar la postemporada disputando inmediatamente una serie al mejor de tres.
Las Series de Comodines son cortas, incómodas y peligrosas. Todos los encuentros se disputan en casa del equipo mejor sembrado y una mala salida de un abridor puede poner en riesgo seis meses de trabajo. Perder el primero significa despertar al día siguiente necesitando ganar dos partidos consecutivos para evitar las vacaciones.
Por eso septiembre tiene diferentes tipos de presión. Están quienes todavía luchan simplemente por entrar. Están aquellos que ya saben que jugarán en octubre, pero buscan la ventaja de hacerlo en casa. Y están los campeones divisionales que continúan compitiendo porque terminar entre los dos mejores puede significar observar desde el sofá cómo otros cuatro equipos arriesgan su temporada.
Los Yankees son un buen ejemplo. Ya tienen asegurada su presencia en octubre y también el primer Wild Card de la Liga Americana, pero Tampa Bay ganó el Este y aseguró el primer sembrado del joven circuito. La diferencia es enorme: mientras los Rays descansarán durante la ronda de comodines, Nueva York tendrá que jugar. Después de 162 encuentros, tres partidos pueden decidirlo todo.
En la Liga Nacional sucede algo parecido. Milwaukee y Dodgers ya aseguraron sus divisiones, pero todavía importa cómo terminan acomodados. Un mejor récord puede representar descanso, localía y, eventualmente, jugar los encuentros más importantes de una serie frente a su propia afición.
Eso explica por qué un equipo que ya descorchó la champaña continúa jugando partidos relevantes durante la última semana. Pero existen otros que todavía miran los rankings diariamente.
La Central de la Americana ha mantenido una pelea cerrada entre Cleveland y White Sox, mientras Houston y Texas llegaron a los últimos días disputándose el Oeste. En la Nacional, Padres, Cubs y Phillies han pasado septiembre intentando asegurar posiciones de comodín. Cada victoria modifica algo.
Y este año existe además un elemento que todavía provoca confusión entre muchos aficionados: si dos equipos terminan con el mismo récord, ya no existe el famoso Juego 163. Desde 2022, MLB decidió eliminar esos partidos de desempate. Ahora el calendario regular contiene también la solución.
El primer criterio es el enfrentamiento directo. Si dos equipos terminan empatados, aquel que haya ganado la serie particular tendrá ventaja. Si eso tampoco resuelve el empate, aparecen otros criterios, comenzando por el récord dentro de la propia división y continuando después con diferentes resultados obtenidos durante la temporada.
Eso significa que un partido aparentemente intrascendente disputado en abril puede terminar decidiendo un boleto en septiembre. El béisbol tiene memoria. Y quizá esa sea una de las razones por las que la última semana resulta tan fascinante. Durante meses acostumbramos mirar los standings pensando únicamente en quién ocupa el primer lugar, pero cuando la temporada termina descubrimos que prácticamente cada posición tiene consecuencias.
Ser primero puede significar descansar. Ser tercero puede significar jugar inmediatamente. Ser cuarto puede garantizar que toda una serie de cómodas se dispute en casa. Ser sexto significa entrar por la última puerta disponible, pero también recibir exactamente la misma oportunidad de llegar hasta la Serie Mundial.
Porque una vez dentro ocurre algo que el béisbol demuestra cada octubre: los 162 partidos explican cómo llegaste, pero dejan de importar cuando comienza el siguiente.
El martes arrancarán las Series de Comodines y cuatro equipos comenzarán su camino con una ventaja extraordinaria: no tendrán que jugarlas. Mientras ocho clubes intenten sobrevivir a una eliminatoria que puede durar apenas dos noches, los mejores campeones divisionales podrán descansar brazos, preparar rotaciones y observar a sus posibles rivales. Ese privilegio también se gana durante la temporada regular. Por eso los últimos juegos no son un trámite.
Para algunos representan la posibilidad de seguir jugando. Para otros, la oportunidad de hacerlo en casa. Y para los mejores, el derecho de detenerse unos días antes de comenzar la parte más importante del año.
Durante 162 partidos todos persiguen aparentemente lo mismo: llegar a octubre. Pero cuando septiembre consume sus últimos outs se descubre que clasificar era apenas una parte de la tarea. Algunos entrarán descansando, otros tendrán tres juegos para salvar la temporada, algunos comenzarán frente a su gente y otros descubrirán que seis meses de trabajo pueden reducirse a un fin de semana.
Entre costuras, doce equipos recibirán finalmente una invitación para perseguir la Serie Mundial. Todos estarán en octubre pero no todos entrarán por la misma puerta.
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