En el béisbol, todo ocurre entre costuras, pero octubre parece tener prisa. Durante seis meses, una derrota puede corregirse al día siguiente, una mala semana puede olvidarse con una buena racha y hasta una crisis puede sobrevivirse porque el calendario siempre ofrece otra oportunidad. En octubre, esa palabra comienza a desaparecer: mañana. La postemporada de Grandes Ligas necesitó apenas dos días para recordarlo.
Boston, Houston y Chicago jugaron 162 partidos para construir temporadas que terminaron en apenas dos encuentros. Yankees eliminó a Red Sox, White Sox hizo lo mismo con Astros y Padres dejó fuera a Cubs. Tres Series de Comodines terminaron antes de necesitar un tercer partido. Solamente Phillies y Braves llevaron su batalla hasta el límite.
La semana pasada escribimos en este espacio que octubre tiene varias puertas. Doce equipos consiguen entrar, pero no todos lo hacen por el mismo camino. Los dos mejores campeones divisionales de cada liga reciben descanso, mientras otros ocho deben comenzar inmediatamente una serie al mejor de tres.
Ahora descubrimos que algunas de aquellas puertas también eran salidas. Houston probablemente sea el ejemplo más claro. Los Astros ganaron la División Oeste de la Liga Americana. Después de seis meses y 162 encuentros habían conseguido uno de los objetivos que cualquier equipo se plantea al comenzar una temporada: ganar su división.
Pero el formato actual no garantiza descanso para todos los campeones divisionales. Houston fue el tercer sembrado y tuvo que enfrentar inmediatamente a White Sox, el sexto. Dos partidos después, su temporada había terminado.
Chicago ganó 6-3 el primer encuentro y 7-3 el segundo. Llegó a Houston como el último clasificado de la Americana y salió convertido en uno de los ocho equipos que todavía pueden ganar la Serie Mundial.
Además, consiguió algo que la franquicia llevaba mucho tiempo esperando: ganar una serie de postemporada por primera vez desde 2005, cuando terminó levantando el campeonato.
Esa es otra de las contradicciones maravillosas de octubre. Durante la temporada regular importa dónde terminaste. En los playoffs importa qué haces después de llegar. Algo parecido ocurrió en San Diego.
Los Padres necesitaron solamente dos partidos para eliminar a Cubs. Ganaron 8-0 el primero y 4-1 el segundo. Chicago había pasado seis meses construyendo una temporada capaz de llevarlo hasta octubre y, de pronto, descubrió que octubre podía durar menos de 48 horas.
Y luego están Yankees y Red Sox. Pocas rivalidades necesitan menos presentación. Sus enfrentamientos contienen décadas de historia, remontadas, tragedias deportivas, campeonatos y una colección interminable de recuerdos compartidos. Esta vez no hubo tiempo para construir otra epopeya. Nueva York ganó 9-0 el primer encuentro y 9-2 el segundo. Dieciocho carreras en dos noches. Serie terminada. Y lo hizo, además, sin Aaron Judge.
En octubre las ausencias pueden servir para explicar las dificultades, pero difícilmente funcionan como excusa. Los Yankees tuvieron que encontrar producción en otros lugares y la encontraron. Ahora deberán hacerlo nuevamente ante Tampa Bay. Porque esa es otra característica de la postemporada: sobrevivir una ronda no compra demasiado tiempo para celebrar.
Mientras Yankees, White Sox y Padres avanzaron rápidamente, Phillies y Braves eligieron el camino largo. Dividieron los primeros dos encuentros y fueron los únicos obligados a disputar el tercer juego de su Serie de Comodines.
Para cuando estas líneas sean leídas, uno de ellos habrá sobrevivido y el otro habrá descubierto la misma crueldad que Boston, Houston y los Cubs conocieron apenas unas horas antes. No necesitamos saber cuál para entender la historia. Uno tendrá octubre, el otro tendrá vacaciones. La diferencia estará contenida en nueve entradas.
Quizá por eso las Series de Comodines sean uno de los experimentos más despiadados del formato actual. Durante 162 partidos, el béisbol intenta descubrir quiénes son los equipos más consistentes. Hay tiempo para superar lesiones, corregir errores, cambiar jugadores, atravesar malas rachas y recuperar terreno.
Después, una parte de esos equipos entra en una serie donde dos derrotas pueden borrar todo. No significa que la temporada regular deje de importar. Todo lo contrario.
Tampa Bay, Cleveland, Milwaukee y Dodgers consiguieron evitar precisamente este peligro gracias a lo construido durante seis meses. Mientras otros equipos arriesgaban su temporada, ellos pudieron descansar, acomodar sus rotaciones y preparar las Series Divisionales. Ese privilegio también se ganó jugando béisbol.
Ahora, sin embargo, tendrán que enfrentarse a equipos que llegan con una sensación completamente distinta. Yankees, White Sox y Padres ya sintieron octubre. Ya jugaron partidos en los que perder significaba acercarse al final. Ya celebraron una eliminación y ahora llegan a las Series Divisionales con la adrenalina de quien acaba de sobrevivir.
Del otro lado estarán equipos descansados, preparados y con las rotaciones acomodadas. Ahí comenzará otra discusión. ¿Es mejor descansar o mantener el ritmo? La respuesta, como casi siempre ocurre en el béisbol, aparecerá en el terreno.
Lo único que esta primera ronda ya dejó claro es que la postemporada tiene una relación diferente con el tiempo. Durante la temporada regular existe margen para equivocarse. Un equipo puede perder cinco partidos consecutivos en mayo y todavía terminar jugando en octubre. Puede cambiar su bullpen en julio, recuperar a una estrella lesionada en agosto y encontrar su mejor versión en septiembre.
En Postemporada, el margen desaparece. Una mala salida puede cambiar una serie. Un error defensivo puede cambiar una temporada. Un batazo puede convertir seis meses de trabajo en recuerdos. La temporada regular pregunta qué tan bueno puede ser un equipo durante 162 juegos.
Octubre hace una pregunta mucho más incómoda: qué tan bueno puede ser cuando ya no existe mañana.
Boston, Houston y Chicago tuvieron seis meses para llegar hasta aquí y apenas dos noches para despedirse. Phillies y Braves necesitaron una más para encontrar su destino. Otros ocho siguen caminando. Pero tampoco deberían acostumbrarse demasiado.
Porque la semana pasada descubrimos que octubre tiene muchas puertas. Esta semana aprendimos algo más. Ninguna permanece abierta demasiado tiempo.
@elbarbondelbeisbol
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