Daniel Monroy

No todo es béisbol: el softbol también se juega entre costuras

Entre Costuras

En el béisbol, todo ocurre entre costuras. Pero si somos honestos, en México a veces miramos esas costuras como si tuvieran un solo dueño: el béisbol varonil, la LMB, la LAMP, las Grandes Ligas. Y sin embargo, este inicio de año trae una señal clara de que el diamante se está abriendo por fin en serio: arranca una nueva temporada de la Liga Mexicana de Softbol (LMS), y el mapa emocional del juego —el nuestro— se está expandiendo.

La prueba no es un discurso; es un fin de semana con pelotas volando en el Estadio Alfredo Harp Helú y con rivales que no llegan "de paseo". Diablos Rojos Softbol tendrá un festival internacional de pretemporada: dos juegos frente a Atlanta Smoke, un equipo profesional estadounidense que presume campeonato reciente y una racha de títulos en su liga, y luego dos enfrentamientos ante la selección de Italia, una potencia europea que también está de gira de preparación.

Esto importa por una razón sencilla: el softbol no necesita "permiso" del béisbol para ser relevante. Necesita ventana, narrativa y respeto. Porque el softbol —en especial el de alto rendimiento— es un deporte con identidad propia. Y cuando se le mira con atención, engancha incluso al que llega "por curiosidad".

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Un deporte parecido, pero no igual. A simple vista, béisbol y softbol se parecen: un diamante, un pitcher, una receptora, turnos al bat, carreras. Pero basta ver un inning para entender que la experiencia es distinta. En softbol, el campo es más corto y el tiempo se comprime: la pelota llega rápido, las jugadas se resuelven en un pestañeo y el error se paga con la misma crudeza con la que se celebra un batazo.

La regla más visible es el pitcheo: en softbol se lanza con movimiento de "molino" (windmill), por debajo del brazo. Eso no lo hace "más fácil"; lo vuelve un reto diferente. La bola viaja con ángulos extraños, con cambios de velocidad muy agresivos y con un tipo de engaño que muchas veces sorprende al aficionado acostumbrado al overhand del béisbol. Además, el softbol se juega típicamente a siete entradas, así que hay menos tiempo para corregir: el partido te exige estar despierto desde el primer lanzamiento.

Y aquí está lo increíble: esas diferencias hacen que el softbol sea una puerta perfecta para entender al béisbol desde otro lugar. Te enseña a mirar la defensa con lupa, a apreciar el valor del toque, del corrido inteligente, del swing compacto. En un mundo de resúmenes y highlights, el softbol te obliga a volver a lo básico: leer el juego.

La LMS: un diamante que por fin tiene liga. La Liga Mexicana de Softbol no solo "existe"; ya tiene calendario, proyecto y continuidad. La temporada 2026 arranca el jueves 22 de enero, con una cartelera completa que incluye —entre otros juegos inaugurales— Charros vs Diablos.

Ese dato, que suena administrativo, en realidad es cultural: significa que hay un espacio profesional donde mujeres juegan softbol con estructura de liga, con afición, con identidad de equipo y con la posibilidad real de construir carreras deportivas visibles. Es decir: ya no es solo selección nacional, ya no es sólo un torneo aislado. Es temporada. Es rutina. Es pertenencia.

Y Diablos llega además con una historia reciente que vale recordar: el equipo ha sido protagonista en la LMS y ha tenido una relación fuerte con la afición capitalina. De hecho, su coronación reciente se dio con un estadio encendido y con narrativas que demostraron que sí hay público cuando se cuenta bien y se presenta con seriedad.

¿Por qué estos juegos del fin de semana son una señal? Porque miden ambición. Enfrentar a Atlanta Smoke y a la selección de Italia no es un "scrimmage" cualquiera: es decirle al público que esto importa, que hay nivel y que el softbol mexicano quiere dialogar con el mundo.

Con base en la información pública de venta y anuncios, el festival incluye juegos en el Harp Helú del 16 al 19 de enero, con duelos ante Atlanta y luego ante Italia, lo cual refuerza que se trata de una preparación seria, pensada como evento y como evaluación deportiva.

Y hay una lectura más grande: el softbol puede ser el camino más rápido para que mucha gente —sobre todo familias— se reconcilie con el estadio como ritual. Porque es accesible, es cercano, es dinámico. Y porque, seamos francos, ver a mujeres jugar con profesionalismo también cambia la conversación: deja de ser "qué bonito" y empieza a ser "qué nivel".

No todo es béisbol... y eso es una buena noticia. Durante años, en México hemos actuado como si el deporte solo mereciera atención cuando llega con el sello de "Grandes Ligas". Pero el crecimiento real ocurre cuando el juego se abre en casa: cuando hay liga, cuando hay calendario, cuando hay equipo, cuando hay niñas que pueden ver a una jugadora profesional y pensar "yo también".

El softbol no compite contra el béisbol: lo complementa. Le suma comunidad, le suma futuro, le suma narrativas nuevas. Y a los que amamos el diamante nos regala algo invaluable: más temporada, más historias, más motivos para ir al estadio.

Así que sí: este fin de semana, mientras Diablos se mida con Atlanta y con Italia, vale la pena ir —o al menos mirar— con otros ojos. Porque entre costuras, México está aprendiendo algo importante: que el diamante es más grande de lo que nos contaron.

@elbarbondelbeisbol

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