Daniel Monroy

México y el Mundial que sí nos detiene

ENTRE COSTURAS

En el béisbol, todo ocurre entre costuras. Pero hay momentos en que esas costuras se tensan tanto que dejan de pertenecer a un equipo y empiezan a pertenecer a un país. Eso es lo que está ocurriendo rumbo al Clásico Mundial de Béisbol 2026.

Todavía no empieza marzo. Todavía no se lanza la primera bola. Y sin embargo, la conversación ya cambió de tono. Ya no hablamos solo de contratos, de rotaciones o de estadísticas avanzadas. Hablamos de México. El Clásico Mundial tiene algo que ni la Serie Mundial ni el All-Star Game pueden comprar: identidad.

El recuerdo que encendió algo: En 2023, México llegó a semifinales y se quedó a tres outs de una final histórica. Ese partido contra Japón no fue solo un juego; fue un fenómeno cultural. Millones de personas que no siguen la MLB se sentaron frente al televisor. Niños que no sabían quién era su equipo favorito sabían, con claridad absoluta, que esa noche eran México.

Newsletter
Recibe en tu correo las noticias más destacadas para viajar, trabajar y vivir en EU

Ahí entendimos algo importante: el béisbol mexicano no estaba dormido. Estaba esperando un momento que lo representara. El Clásico lo hizo. Desde entonces, cada confirmación rumbo a 2026 —cada jugador que dice “sí voy”— genera un eco distinto. No es una firma de agencia libre que mueve millones. Es un gesto que mueve emociones. Y eso no es poca cosa.

El efecto selección: El béisbol de clubes es una lealtad fragmentada. Un aficionado puede ser de Yankees, otro de Dodgers, otro de Diablos. Pero cuando juega México, el mapa se simplifica. No importa si sigues la Liga Mexicana del Pacífico o solo ves resúmenes en redes. No importa si eres de Monterrey o de Mérida. Cuando suena el himno y el uniforme dice “México”, el béisbol deja de ser un deporte segmentado. Se vuelve una causa común.

Ese es el verdadero “efecto selección”: convierte a un país beisbolero en un país unido por el béisbol. La MLB no logra eso en nuestro territorio. El Clásico sí.

El torneo que cambia la narrativa: Durante años, el béisbol vivió en México bajo una comparación constante con el futbol. Audiencias, patrocinios, conversación pública. El Clásico Mundial alteró esa narrativa.

Por dos semanas, el béisbol fue tema nacional. No como nota secundaria, sino como conversación central. Las redes explotaron, los estadios se llenaron de camisetas verdes, Randy Arozarena se convirtió en fenómeno cultural, la palabra “semifinal” dejó de sonar imposible. Y algo más profundo ocurrió: muchos niños descubrieron que el béisbol también puede ser épico. Eso es lo que está en juego otra vez en marzo.

Más que roster, identidad: Claro que importa quiénes van. Claro que importa la rotación. Pero el corazón del Clásico no está en el lineup. Está en lo que representa. Un jugador que en MLB es uno de 26, en el Clásico se convierte en bandera. La presión cambia. El gesto cambia. El swing cambia. No juegan por contrato, no juegan por cláusula, juegan por país; y eso se nota.

Por eso cada confirmación genera entusiasmo. Porque el aficionado no está calculando WAR ni proyecciones de temporada. Está imaginando a México compitiendo de tú a tú con Estados Unidos, con Dominicana, con Japón. El Clásico no vende estadísticas. Vende posibilidad.

¿Por qué conecta tanto? Porque el béisbol mexicano siempre ha sido identidad regional. El Pacífico tiene su pasión. El norte la suya. La capital también. Pero pocas veces esa pasión se concentra en una sola camiseta. El Clásico hace eso. Es el único momento donde el fanático de la LMP, el seguidor de la LMB y el que solo ve MLB hablan el mismo idioma.

Y hay algo más: el Clásico le devuelve al béisbol su dimensión emocional. La MLB es excelencia técnica. El Clásico es una emoción cruda. Un error duele más, un jonrón pesa más, un triunfo se siente colectivo. Y cuando México gana, el festejo no es de un club. Es de todos.

Marzo está a la vuelta de la esquina. El calendario avanza mientras el Caribe queda atrás y el Spring Training arranca. Pero el pulso del béisbol mexicano ya late con otro ritmo. No es exagerado decir que el Clásico puede volver a marcar una generación. No porque garantice el campeonato. Sino porque garantiza atención. En un país donde el deporte suele girar en torno a un solo balón, el Clásico Mundial demuestra que hay otro símbolo capaz de convocar. Una pelota blanca con costuras rojas.

Entre costuras: El béisbol vive todo el año. Pero hay semanas en que deja de ser rutina y se convierte en relato nacional. Eso es el Clásico Mundial, no es solo un torneo, no es solo una selección, es el momento en que el béisbol deja de ser negocio y vuelve a ser identidad; y cuando eso ocurre, el país se sienta a mirar. Entre costuras, México ya empezó a jugar.

@elbarbondelbeisbol

CITA:

El Clásico es una emoción cruda. Un error duele más, un jonrón pesa más, un triunfo se siente colectivo. Y cuando México gana, el festejo no es de un club. Es de todos.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Te recomendamos