Daniel Monroy

Fiestas de Enero: cuando México se juega el honor en el diamante

Entre Costuras

En el béisbol, todo ocurre entre costuras. Y en México, esas costuras se tensan de una manera especial cuando el calendario marca enero. Mientras para muchos el año apenas comienza, en el Pacífico el juego entra en su momento más serio: arrancaron los playoffs de la Liga ARCO Mexicana del Pacífico. No es una extensión de la temporada; es otra cosa. Es identidad, es tradición y es una carrera contra el tiempo por representar al país en el escenario que sigue: la Serie del Caribe.

Las llamadas Fiestas de Enero no necesitan demasiada explicación para quien ha crecido con el béisbol de invierno. Aquí no hay margen para el error prolongado. Cada juego pesa. Cada entrada quema. Cada decisión se siente en la garganta de la tribuna. Ocho equipos comienzan hoy un camino que dos terminarán ganándose el derecho —y la responsabilidad— de llevar el nombre de México a la Serie del Caribe 2026 en Guadalajara. Este año, por primera vez, campeón y subcampeón representarán al país

Y eso lo cambia todo. Porque estos playoffs no son solo una disputa local. Son un filtro. El campeón de la LAMP no se queda en el aplauso regional: se convierte en embajador. De pronto, una novena deja de ser solo de Culiacán, Hermosillo, Los Mochis, Obregón, Mexicali, Guasave, Guadalajara o Tepic. Se vuelve “México” ante el Caribe. En ese tránsito, el béisbol se transforma de deporte a símbolo.

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Hay algo profundamente mexicano en que el béisbol se juegue con más intensidad en invierno. Mientras otras ligas bajan el volumen, aquí el estadio se llena, la radio se enciende y la conversación familiar gira alrededor del lineup del día. Enero es el mes donde el béisbol no compite contra nada: se impone por costumbre y por herencia. Padres que llevaron a hijos, abuelos que explicaron jugadas, amigos que aprendieron a sufrir juntos. Eso no se enseña en una academia; se transmite en las gradas.

El formato de playoffs —series largas, al mejor de siete— obliga a algo que el béisbol moderno a veces olvida: resistencia emocional. No gana el equipo que pega primero; gana el que sabe responder. Aquí importan los ajustes, la lectura del rival, el temple del relevo en la octava, el bateador que acepta el turno incómodo. El béisbol de enero no perdona la improvisación.

Además, estos playoffs llegan con un incentivo extra: Guadalajara espera. La Serie del Caribe volverá a suelo mexicano y el país entero mirará al campeón de la LAMP con lupa. No será solo “el mejor del invierno”; será el representante en casa, ante rivales históricos del Caribe. Esa presión se siente desde ahora. Se nota en los rosters, en los manejos de pitcheo, en la forma en que los managers protegen —o arriesgan— a sus brazos. Y este año, Guadalajara esperará a dos equipos: campeón y subcampeón compartirán la responsabilidad. Eso distribuye la presión, pero también duplica las expectativas.

Por eso enero también es un mes de decisiones. ¿Cuándo apretar? ¿Cuándo aguantar? ¿Qué veterano responde cuando el joven se acelera? En la LAMP, el béisbol no se gana solo con talento: se gana con lectura del momento. Esa es una lección que pocas ligas enseñan tan claramente.

Hay quien ve estos playoffs como un producto “menor” frente al ruido de las Grandes Ligas. Se equivoca. Aquí se juega un béisbol distinto, pero no inferior. Es un béisbol donde el entorno importa: el viaje, el clima, la afición que no perdona. Donde el error no se diluye en 162 juegos, sino que queda tatuado en una serie. Donde cada out pesa como si fuera el último.

Y quizá por eso el campeón de la LAMP suele competir con carácter en la Serie del Caribe. No siempre gana —el Caribe es feroz—, pero casi siempre pelea. Porque llega con algo que no se compra: ritmo de presión. Llega con la memoria fresca de enero, cuando el honor se jugó noche a noche.

Estas Fiestas de Enero también dicen algo del béisbol mexicano en un contexto más amplio. Mientras marzo se asoma con el Clásico Mundial y sus reflectores globales, enero recuerda que el cimiento está aquí. Que la selección se nutre de una cultura que se forma en invierno. Que antes de pensar en banderas nacionales, el béisbol se aprende defendiendo la camiseta del barrio, de la ciudad, de la región.

No es casual que muchos aficionados vivan con la misma pasión estos playoffs que cualquier evento internacional. En enero no se juega por marketing ni por contratos futuros. Se juega por orgullo. Por seguir vivos. Por llegar al siguiente juego. Por ganarse el derecho de decir “somos los que van”.

Cuando caiga el último out de estas series y tengamos campeón, México no solo tendrá un representante para la Serie del Caribe. Tendrá una historia reciente que contar: la de un equipo que sobrevivió a enero, el mes donde el béisbol se vuelve verdad.

Porque en el fondo, entre costuras, enero es eso: el momento en que el béisbol mexicano se mira al espejo y decide quién merece cargar con su nombre.

@elbarbondelbeisbol

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