Daniel Monroy

Entre estrellas también se construye el béisbol

Entre Costuras

En el béisbol, todo ocurre entre costuras. También los momentos en los que el propio deporte hace una pausa para mirarse al espejo. Este fin de semana, Monterrey deja de ser únicamente la casa de los Sultanes para convertirse en la capital del béisbol mexicano. La Gala de la Liga Mexicana de Béisbol Banorte, el Home Run Derby y el Juego de Estrellas reúne lo mejor de la temporada en una misma ciudad, en un mismo estadio y, sobre todo, en un mismo mensaje: el béisbol mexicano vive uno de los momentos más sólidos de su historia reciente.

A veces se piensa que el Juego de Estrellas es solo una pausa dentro del calendario, un espectáculo pensado para entretener antes de que vuelva la competencia. Sin embargo, quienes seguimos este deporte desde hace años sabemos que representa mucho más. Es el momento en el que una liga reconoce a sus protagonistas, celebra sus historias y, al mismo tiempo, le recuerda a la afición que el béisbol también necesita detenerse unos días para disfrutar de sí mismo. No todo puede ser standings, porcentajes de bateo o carreras por el liderato, también hace falta admirar el talento por el simple hecho de existir.

La Liga Mexicana ha entendido muy bien esa idea. Lo que comenzó hace décadas como un partido de media temporada hoy se ha convertido en un fin de semana completo de actividades: una gala para reconocer a quienes han marcado la campaña, el Home Run Derby como una fiesta del poder y el Juego de Estrellas como el gran escaparate del talento que existe en el circuito. Monterrey, una de las ciudades más beisboleras del país, ofrece además el escenario ideal para que esa celebración tenga el tamaño que merece.

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Hay algo profundamente simbólico en el Derby de Jonrones. El cuadrangular es, probablemente, la jugada más espectacular del béisbol. No requiere explicación. Basta el sonido del contacto, el vuelo de la pelota y la reacción de la gente para entender lo que acaba de ocurrir. Durante una temporada regular, esos batazos aparecen entre estrategias, conteos y situaciones de juego. En el Derby, en cambio, se convierten en el centro absoluto del espectáculo. Es un homenaje al poder, pero también a la emoción más inmediata que puede ofrecer este deporte.

El Juego de Estrellas, por su parte, tiene otra virtud: nos recuerda que el béisbol mexicano ya no depende únicamente de un puñado de figuras históricas. Hoy existen peloteros consolidados, jóvenes que comienzan a escribir su nombre y extranjeros que han encontrado en la Liga Mexicana un lugar para desarrollar carreras extraordinarias. Verlos compartir el mismo terreno es, en cierto sentido, observar una fotografía del presente del béisbol nacional. Y ese presente es mucho más prometedor de lo que a veces reconocemos.

Durante los últimos años hemos hablado aquí mismo del crecimiento de la Liga Mexicana, de la consolidación de la Liga Mexicana de Softbol, de la llegada constante de eventos internacionales como la Mexico City Series y del impacto que tuvo la Selección Mexicana en el Clásico Mundial. Ninguno de estos acontecimientos ocurrió de manera aislada. Todos forman parte del mismo proceso: el béisbol mexicano dejó de conformarse con existir y empezó a aspirar a ser protagonista.

Este fin de semana se confirma esa transformación. Porque la verdadera importancia del Juego de Estrellas no está solamente en el resultado del domingo, está en todo lo que ocurre alrededor: En las familias que viajan para convivir con sus ídolos, en los niños que piden una fotografía o un autógrafo, en los aficionados que descubren por primera vez a jugadores de otros equipos, en la posibilidad de que alguien llegue atraído por el Derby y termine enamorándose del deporte. Eso también construye afición.

Vivimos una época en la que el deporte compite por la atención de un público cada vez más disperso, hay más plataformas, más entretenimiento y más opciones que nunca. En ese contexto, celebrar el béisbol resulta casi tan importante como jugarlo, porque una liga que sabe contar sus historias termina fortaleciendo el vínculo con quienes la siguen semana tras semana.

Quizá por eso me gusta tanto este fin de semana. Porque durante unos días desaparecen los colores de cada club y aparece algo más grande: la idea de que todos forman parte de la misma liga, que el rival de ayer puede compartir dugout contigo por una noche, que el pitcher al que enfrentaste hace apenas unos días ahora puede celebrar contigo un cuadrangular en el Derby. El Juego de Estrellas tiene esa rara capacidad de recordarnos que antes de la rivalidad existe una comunidad unida por la misma pasión.

Entre costuras, el Home Run Derby y el Juego de Estrellas representan mucho más que un descanso en el calendario. Son una celebración de lo que el béisbol mexicano ha construido durante casi un siglo y, al mismo tiempo, una ventana hacia lo que todavía puede llegar a ser.

Porque las temporadas se recuerdan por los campeones, pero los deportes también se fortalecen cuando aprenden a celebrar a quienes los hacen posibles. Y este fin de semana, Monterrey no solo recibirá a las estrellas de la Liga Mexicana, recibirá una muestra de que el béisbol, cuando decide celebrar su propia historia, también encuentra la mejor manera de construir su futuro.

@elbarbondelbeisbol

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