Daniel Monroy

El invierno también se juega: contratos, arbitraje y el béisbol que no vemos

Entre Costuras

En el béisbol, todo ocurre entre costuras... incluso cuando no hay un solo out en el pizarrón. Porque el invierno de Grandes Ligas es eso: un diamante invisible donde se decide quién se queda, quién se va y cuánto vale realmente un jugador. Esta semana, por ejemplo, Cody Bellinger volvió a firmar con los Yankees con un acuerdo de cinco años y 162.5 millones de dólares, con bono de firma, cláusula de no cambio y opt-outs.

A primera vista parece simple: un equipo paga, un jugador firma, fin. Pero el béisbol moderno no funciona como un mercado "normal". Funciona como un sistema de compuertas: reglas, tiempos de servicio, listas protegidas, opciones, waivers y un mecanismo —el arbitraje— que define carreras sin que el público lo note. Y esa parte también merece contarse, porque ahí se cocina la competitividad... y también la desigualdad.

La agencia libre es la punta del iceberg: Bellinger es la imagen perfecta del béisbol que sí vemos: el jugador cotizado, representado por un agente poderoso, el equipo grande que paga por estabilidad, el contrato con letra chiquita que protege a ambos.

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Pero por cada Bellinger hay decenas de jugadores atrapados en el béisbol que no salen en portada: los que todavía no tienen libertad para elegir, los que dependen de un número en su expediente llamado tiempo de servicio, y los que negocian su salario en una mesa donde el club casi siempre tiene ventaja.

Arbitraje: el "juicio" anual del valor: El arbitraje salarial es, en esencia, un proceso donde jugador y equipo proponen un salario y, si no se ponen de acuerdo, un panel elige una de las dos cifras. Suena equilibrado, pero el sistema está diseñado para empujar acuerdos de un año y evitar que el jugador llegue rápido a la agencia libre.

Cada enero ocurre el mismo ritual: muchos arreglan antes del límite y unos cuantos van a audiencia. Esta temporada, por ejemplo, MLB reportó que 18 jugadores no llegaron a acuerdo previo al deadline y tuvieron que intercambiar cifras con sus equipos. Y el caso que más ruido hizo fue el de Tarik Skubal, con una brecha enorme entre lo que pidió y lo que ofreció Detroit, mostrando el choque entre "valor de mercado" y "valor controlado".

¿Dónde entra la traba? En que el jugador suele ser elegible a arbitraje después de tres años de servicio, pero existe la etiqueta "Super Two", que permite que algunos con más de dos años entren antes (y entonces tienen hasta cuatro años de arbitraje). Eso significa que, para una parte importante de la liga, los primeros años no se negocian realmente: se administran.

El béisbol como empresa de control: Aquí está la gran idea: la MLB vende espectáculo en verano, pero administra activos en invierno. Un pelotero no solo es un atleta: es un contrato, un costo proyectado, un riesgo médico, una ficha negociable. Por eso existen herramientas que al aficionado casual le suenan a idioma extranjero, pero que deciden campeonatos.

  • Roster de 40: la lista de jugadores "protegidos" de una organización. Estar dentro te acerca a MLB; estar fuera te expone al Rule 5 Draft si cumples ciertos años en ligas menores.
  • Opciones: un jugador del roster de 40 puede ser enviado a ligas menores sin pasar por waivers, pero solo por un número limitado de temporadas ("tres opciones" como regla general).
  • Waivers: el filtro donde otro equipo puede reclamarte si tu club intenta bajarte de categoría o soltarte. El béisbol es el único deporte donde puedes "pertenecer" a un club y aun así no controlar tu destino.

Todo esto explica por qué a veces un equipo "pierde" a un jugador útil sin que parezca lógico, o por qué hay movimientos que se sienten fríos: no es solo rendimiento, es administración de inventario.

¿Y esto qué tiene que ver con el aficionado? Mucho. Porque aquí se construye la brecha entre quienes pueden comprar margen de error —como los equipos que firman contratos tipo Bellinger— y quienes viven al límite del sistema.

Y también porque este modelo afecta la manera en que se construyen ídolos. Antes, el fan veía a un jugador crecer y quedarse. Hoy, entre arbitraje, control, cambios y contratos cortos, el aficionado aprende a no encariñarse demasiado. El béisbol se vuelve más eficiente... pero a veces menos humano.

Lo que deberíamos discutir (de verdad): En los últimos años ha regresado el debate del salary cap y del salary floor: poner un techo para que los ricos no se disparen y un piso para que los que invierten poco estén obligados a competir de forma real. Pero incluso ese debate tiene truco: a veces el tope protégé más las ganancias de los dueños que la paridad deportiva. Y el piso, si no va acompañado de desarrollo e infraestructura, solo obliga a gastar sin construir.

La discusión de fondo es otra: ¿queremos una liga donde el talento se distribuya con reglas que cuiden la competencia... o una donde la ventaja económica sea una estrategia deportiva más?

Entre costuras: El invierno nos recuerda algo incómodo: el béisbol no sólo se juega con bate y guante. También se juega con abogados, oficinas y calendarios. Y entenderlo no le quita magia al juego; al contrario, lo vuelve más claro.

Porque cuando en abril veamos a Bellinger ponerse el uniforme de los Yankees otra vez, no estaremos viendo solo un swing. Estaremos viendo el resultado de un ecosistema completo: la agencia libre para unos, el arbitraje para otros y, para muchos más, un laberinto de reglas que decide su vida profesional.

El béisbol sigue ocurriendo entre costuras. Solo que en invierno, esas costuras no están en la pelota: están en los contratos.

@elbarbondelbeisbol

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