En el béisbol, todo ocurre entre costuras. Hay equipos que llegan a los playoffs intentando sobrevivir, otros que descubren su mejor versión mientras avanzan y algunos que, en algún momento del camino, comienzan a transmitir una sensación distinta. No significa que vayan a ganar el campeonato, tampoco que el rival haya dejado de importar. Significa simplemente que empiezan a jugar como si estuvieran preparados para levantar el trofeo. Los Toros de Tijuana llegaron esta semana a ese punto.
Tijuana es campeón de la Zona Norte y está de regreso en la Serie del Rey. Lo consiguió derrotando cuatro juegos a uno a Sultanes de Monterrey y cerrando la serie de una manera contundente: victoria 10-1 en territorio regiomontano, con un grand slam de Hernán Pérez por segunda noche consecutiva, cuatro carreras producidas de Gilberto Celestino y un pitcheo que prácticamente silenció a una de las organizaciones más acostumbradas a jugar estas instancias. Pero probablemente lo más importante no esté en el resultado del último juego. Está en la manera en que Toros llegó hasta aquí.
Durante la temporada regular fue el mejor equipo de la Zona Norte. Ganó 60 encuentros, terminó con porcentaje de .659 y construyó una ventaja considerable sobre sus perseguidores. Durante meses demostró consistencia, profundidad y capacidad para ganar. Pero, como hemos repetido en estas páginas durante las últimas semanas, la temporada regular construye candidatos y los playoffs se encargan de descubrir cuáles de ellos realmente estaban preparados. Tijuana pasó esa prueba. Y no lo hizo jugando siempre el mismo béisbol.
Hubo noches en las que necesitó paciencia, otras en las que tuvo que sobrevivir y algunas más en las que simplemente pasó por encima del rival. En Monterrey ganó un partido de once entradas, después anotó quince carreras y, cuando tuvo la oportunidad de terminar la serie, fabricó diez más. Esa capacidad de encontrar caminos distintos para ganar suele ser una de las características más valiosas de los equipos que llegan lejos en postemporada. Porque ningún campeonato se gana de una sola manera.
Habrá noches en las que el bateo produzca diez carreras y otras en las que tres serán suficientes. Habrá juegos donde el abridor llegue hasta la séptima entrada y otros donde el bullpen tendrá que trabajar desde temprano. Habrá momentos en los que aparezca la estrella y otros donde el héroe será el jugador menos esperado del roster. Los equipos campeones no necesariamente dominan todos los juegos; aprenden a encontrar la forma de ganar el partido que les toca jugar. Toros parece haber entendido esa lógica.
Incluso la derrota que sufrió en esta Serie de Campeonato terminó convirtiéndose en parte de la construcción. Sultanes empató la eliminatoria y recordó que enfrente había una organización acostumbrada a competir por campeonatos. Tijuana respondió ganando los siguientes tres encuentros. No permitió que una derrota se transformara en duda ni que jugar fuera de casa modificara su identidad. De hecho, ocurrió exactamente lo contrario.
Los Toros terminaron invictos como visitantes durante esta Serie de Campeonato y celebraron el título del Norte lejos de casa, en Monterrey, frente a una afición que esperaba ver a Sultanes prolongar la batalla. Hay algo simbólico en ganar de esa manera: los equipos que aspiran a ser campeones tienen que aprender a sentirse cómodos incluso en los lugares donde nadie quiere verlos celebrar.
Ahora Tijuana regresa a la Serie del Rey por cuarta ocasión en la historia de la organización. Y ahí comienza otro campeonato. Porque todo lo construido hasta ahora —las 60 victorias, el primer lugar del Norte, las series ganadas y la contundencia mostrada frente a Monterrey— servirá para explicar por qué Toros llegó hasta aquí, pero no garantizará absolutamente nada cuando comience la final. Ese es quizá el rasgo más fascinante y cruel del béisbol de postemporada: cada ronda obliga a demostrarlo nuevamente.
Del otro lado del país, Pericos de Puebla y Olmecas de Tabasco continúan escribiendo una Serie de Campeonato del Sur que ha tenido sus propias vueltas. Puebla llegó después de terminar con el sueño del tricampeonato de los Diablos Rojos, mientras Tabasco viene de una postemporada en la que ha demostrado una extraordinaria capacidad para sobrevivir. Sea cual sea el desenlace de esa batalla, el campeón del Sur llegará a la Serie del Rey después de recorrer su propio camino.
Y eso es precisamente lo que hace atractiva la final que está por venir. Tijuana ya hizo su parte. No llegó hasta aquí gracias a una sorpresa de una semana ni aprovechando simplemente el tropiezo de algún favorito. Fue el mejor equipo del Norte durante la temporada regular y, cuando el calendario dejó de premiar la constancia para comenzar a exigir carácter, encontró nuevas maneras de seguir ganando. Todavía falta lo más difícil.
Ser campeón de zona permite celebrar una noche. Ser campeón de la Liga Mexicana de Beisbol exige volver a empezar unos días después, cuando las estadísticas regresan a cero y enfrente aparece otro equipo que también sobrevivió todo lo necesario para llegar hasta ahí.
Entre costuras, Toros de Tijuana ya respondió una de las preguntas más importantes de esta temporada: sí, estaba construido para llegar a la Serie del Rey. Ahora viene la única pregunta que todavía importa.
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