La Semana Santa es una pausa en el camino. Un momento para volver a lo esencial: la familia, la tradición… y la mesa.
Porque en el Estado de México, la fe también se vive a través del sabor.
Nuestra tierra es generosa. De norte a sur y de oriente a poniente, el Estado de México es un mosaico vivo de ingredientes, historias y manos que cocinan identidad.
Aquí, la cocina no es solo alimento: es cultura, es herencia y es orgullo.
En temporada de cuaresma, esta riqueza se expresa con una profundidad única. Los quelites que brotan de la milpa, los nopales frescos, las flores de calabaza, los hongos de nuestros bosques y las frutas de temporada se transforman en platillos llenos de historia. En nuestras cocinas viven recetas como los romeritos, los moles tradicionales, los guisos con charales, las truchas frescas, los caldos de vigilia y una infinidad de preparaciones que reconfortan el alma.
Pero esta cocina no surge de la nada. Tiene raíces profundas en los pueblos originarios que han dado identidad a nuestro estado: mazahuas, otomíes, nahuas, matlatzincas y tlahuicas, comunidades que han preservado ingredientes, técnicas y formas de entender la comida como un acto colectivo y espiritual.
En sus cocinas viven el maíz, quelites, hongos, semillas, hierbas y saberes que hoy dan sentido a lo que comemos.
Viajar por el Estado de México en esta temporada es recorrer sus sabores. Es descubrir mercados llenos de vida, cocinas tradicionales y propuestas contemporáneas que reinterpretan nuestra identidad sin perder la raíz. Es entender que cada platillo cuenta una historia y que cada ingrediente habla de la tierra de donde viene.
Hoy tenemos una gran oportunidad frente a nosotros: redescubrir nuestro estado a través de su gastronomía. Sentarnos en un restaurante mexiquense es mucho más que compartir una comida; es activar la economía local, apoyar a miles de familias y fortalecer una cadena de valor que depende de todos.
El Estado de México es uno de los territorios con mayor riqueza cultural y turística del país, con una diversidad de destinos y pueblos mágicos que encuentran en la gastronomía uno de sus principales motores. Esta temporada representa una oportunidad real para reconectar con esa grandeza que muchas veces pasa desapercibida.
Esta Semana Santa, hagamos algo distinto: salgamos, recorramos, probemos y valoremos lo nuestro. Que cada mesa sea un punto de encuentro y cada platillo una forma de reconectar con nuestras raíces.
Es momento de mirar hacia adentro, de creer en lo que somos y de impulsar lo que tenemos.
Es momento de despertar al gigante.
Sazonemos juntos un mejor futuro.
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