Cada Día de Muertos, miles de familias salen a las calles, visitan pueblos, recorren mercados, compran pan de temporada y se sientan a comer fuera de casa. Las plazas se llenan, los restaurantes reciben más comensales y los comerciantes encuentran una oportunidad para mejorar sus ventas. La Feria del Alfeñique en Toluca es una muestra de ello, pero la tradición va mucho más allá de una ciudad: en cada región del Estado de México hay formas distintas de honrar a quienes nos precedieron y de mantener vivas nuestras costumbres.
No hace falta convencer a la gente de que participe. La tradición ya hace ese trabajo. La pregunta es cómo aprovechamos ese interés para generar oportunidades en todo el estado.
Como presidente de CANIRAC en el Estado de México, encuentro en esta temporada una lección que vale la pena mirar con seriedad: cuando una celebración conecta con nuestras emociones, nuestra identidad y nuestras costumbres, la gente sale, consume y comparte. Y cuando eso sucede, también se mueve la economía.
El Día de Muertos no es solamente una ofrenda, una visita al panteón o una noche de leyendas, es pan, mole, tamales, dulces de alfeñique, calabaza en tacha y mesas que vuelven a reunir a las familias, es una tradición que demuestra que cultura y la economía no tienen por qué caminar separadas.
Cada región tiene algo que contar y compartir, detrás de cada receta hay conocimientos, ingredientes y familias que han conservado su identidad durante generaciones. Cuando esa riqueza llega a la mesa de un restaurante, la tradición también se convierte en empleo e ingreso.
No se trata de restarle importancia a las temporadas turísticas. Al contrario: debemos fortalecerlas y conseguir que sus beneficios lleguen a más personas. El Día de Muertos demuestra lo que podemos lograr; el reto es construir una estrategia que mantenga vivo el interés por nuestros municipios durante el resto del año.
Hay fiestas patronales, religiosas, ferias regionales, productos de temporada, mercados tradicionales y más. No necesitamos inventar festivales para llenar un calendario. Necesitamos conectar lo que ya existe, facilitar que los visitantes recorran más de un destino y lograr que cada celebración sea una puerta de entrada a nuevas experiencias.
Hoy debemos distinguir entre organizar un evento y desarrollar un destino turístico. Una plaza llena durante un fin de semana puede dejar buenas fotografías, pero el verdadero resultado se conoce cuando los restaurantes venden, los productores encuentran compradores, los comercios reciben clientes. Si al retirar los adornos se termina también la actividad económica, nos quedamos a medio camino.
A veces pareciera que la promoción cultural y turística termina con el anuncio, la inauguración y la fotografía oficial. Pero una tradición no necesita solamente difusión: necesita continuidad. El presupuesto público debe generar oportunidades y dejar beneficios comprobables, no limitarse a demostrar que hubo una actividad.
Desde CANIRAC hemos buscado convertir esa visión en trabajo mediante iniciativas como la Ruta 202, la Ruta del Peregrino y el Pasaporte de Identidad Mexiquense, con la intención de conectar establecimientos, comunidades y atractivos. Nuestra postura es salir al territorio, sumar aliados y construir oportunidades.
Ahora debemos avanzar con tres acciones concretas: crear rutas gastronómicas que integren restaurantes, mercados, productores y cocineras tradicionales; establecer una agenda turística annual que conecte las grandes temporadas con las celebraciones y experiencias de los meses siguientes.
Hoy las instituciones responsables de promover la cultura y el turismo deben demostrar qué dejan en las comunidades, no solamente cuántas actividades organizaron.
No podemos pedirle al pequeño restaurante que resista las temporadas difíciles, al productor que mantenga sus cultivos o a una cocinera que conserve una receta familiar si no construimos condiciones para que su trabajo sea rentable. La identidad también necesita ingresos para sobrevivir.
El Día de Muertos recuerda que nuestras tradiciones tienen la capacidad de convocar, emocionar y movilizar.
Y ya que hablamos de muertos, cierro con una pequeña calaverita literaria:
La Flaca buscó al chef Christian,
por todo el Estado lo fue a buscar;
probó la cocina mexiquense
¡Y ya no se quiso pelar!
¡Cancela mi cita en el panteón,
que me falta mucho por recorrer!
Si así se come en el Estado,
¡Hasta muerta quiero volver!
Al final, honrar nuestras raíces es conseguir que sigan vivas en nuestras mesas, nuestros pueblos y nuestra economía. Que el Día de Muertos no sea solamente una temporada exitosa, sino una muestra de lo que podemos lograr.
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