Berenice Olmos

Papás luchones: la otra cara de la igualdad, padres que piden ser escuchados y buscan que se les reconozca su lugar en la vida de sus hijos

Rompiendo barreras

Hace unos días, Toluca, la capital de Estado de México se convirtió en el epicentro de una manifestación fuera de serie, algo que nunca imaginé sucedería: padres de familia salieron a las calles a exigir un derecho que, en el papel, ya existe: el derecho a convivir con sus hijas e hijos. No estaban pidiendo privilegios, pedían algo que es lógico y natural: permiso para ser padres, con presencia en la vida de sus hijos y reconocimiento a su paternidad.

Las consignas eran claras: custodia compartida real, procesos más rápidos y justos, detener la obstaculización de la convivencia, entre otras, todos reclamos de la vida diaria.

Cada pancarta contaba una historia diferente, pero el sentimiento era el mismo: haber sido desplazados y en muchos casos borrados, de la vida cotidiana de sus hijos.

Newsletter
Recibe en tu correo las noticias más destacadas para viajar, trabajar y vivir en EU

Este fenómeno no es aislado. De acuerdo con datos del INEGI, en México más del 40% de los hogares son monoparentales, y cerca del 80% de los casos están encabezados por mujeres. Sin embargo, la estadística también invisibiliza otra realidad: miles de padres que sí quieren ejercer su paternidad, pero enfrentan barreras legales, institucionales y, en ocasiones, personales.

Este acto inédito me hizo reflexionar más profundamente sobre la igualdad que deben de tener hombres y mujeres, porque aquí no hay buenos absolutos ni villanos automáticos y reducirlo a “unos en contra de otros” sería como si no entendiéramos nada. Por ello, necesitamos entender y cambiar esta lucha histórica de los derechos de las mujeres – en dónde inician y en dónde terminan-, reconociendo que la sociedad ha cambiado más rápido que nuestras instituciones e incluso que las leyes que nos regulan.

Durante décadas, el esquema familiar era tradicional, es decir: el padre fungía como proveedor y la madre como cuidadora. Pero eso ya cambió y hoy vivimos una transformación en la sociedad, silenciosa y profunda, en dónde cada vez hay más hombres que quieren ejercer una paternidad activa, cercana y estar emocionalmente presente en la vida de sus hijos; sin embargo, nuestras leyes y las prácticas judiciales no han evolucionado al mismo ritmo y continúan resolviendo conflictos del siglo XXI con herramientas del siglo pasado.

Porque sí, aunque incomode decirlo, en muchos casos ser un buen proveedor no ha sido suficiente para garantizarles un lugar en la vida cotidiana de sus hijos.

En el Estado de México, como en muchos otros estados, los procesos familiares suelen ser cansados, desgastantes y muy tediosos para los involucrados, incluso se vuelven poco sensibles a la paternidad; y aunque se supone que el fin único es defender el interés superior de la niñez, la realidad es que la aplicación de la ley se queda enfrascada en las inercias institucionales, en donde las decisiones no son equilibradas y cuando el sistema falla, los únicos perjudicados, son los hijos.

Y aunque dé pena externarlo, es necesario reconocer que existen muchos casos en los que las mujeres se convierten en un obstáculo para la convivencia entre hijos y padres. Pero ello no significa ignorar que también existen situaciones de violencia o abandono que deben atenderse con firmeza. Por ello, debemos ser precisos: no se trata de ser injustos con los padres, pero tampoco de poner en riesgo a las familias. Este análisis debe resolverse a fondo, con una visión centrada en priorizar a las niñas y niños; solo así se podrá garantizar una adecuada implementación de la custodia compartida o, en su caso, la pérdida de la custodia.

Hoy por hoy, veo cada día más papás que han sido vulnerados en sus derechos, veo papás luchones que asumen la custodia (legal o no) de sus hijos, absorbiendo el cuidado y la crianza de ellos, sin embargo, me pregunto si realmente ¿estamos preparados como sociedad para ver que los hombres asumen una paternidad como cuidadores reales y no solo como proveedores? o si ¿los padres de familia están dispuestos a asumir no solo el derecho de convivencia, sino la responsabilidad completa, sin evasivas a su nuevo rol?

Y es que la igualdad no puede ser a conveniencia, pues, así como se ha luchado durante años, por visibilizar y garantizar los derechos de las mujeres, hoy también es necesario reconocer la urgente construcción de una sociedad más justa, en donde se logren equilibrar las responsabilidades y los derechos en todos los roles que desempeñan hombres y mujeres.

Por ello, la manifestación de los papás luchones en el Estado de México no es un tema menor, es una señal de evolución de nuestra sociedad, en donde también se hace valer la voz de los hombres que estuvo silenciada por muchos años bajo el esquema del machismo, porque lo que México y el mundo necesita, es una igualdad sustantiva.

Porque al final, no se trata de quién gana la custodia o quién tiene la razón, se trata de garantizar que las niñas y niños crezcan emocionalmente estables, que tengan vínculos sanos, con tengan padres presentes, que vivan en un ambiente que los haga sentir protegidos por sus papás y por las mismas instituciones y que se sepan cuidados y protegidos.

Porque defender los derechos de las mujeres nunca debe significar negar los derechos de los hombres.

Porque ningún papá – ni ninguna mamá – debería de marchar para que le permitan abrazar a sus hijos.

Porque nuestros hijos merecen tener la certeza de que su papá -mamá- siempre estará presente.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Te recomendamos