Berenice Olmos

México perdió el Mundial… pero nosotros perdimos el sentido de celebrar

Rompiendo Barreras

Confieso que grité el gol de México, me emocioné como nunca al ver un partido de futbol, incluso use con gran orgullo mi camiseta de la selección, hasta llegué a pensar en lo bonito que es el futbol, momentos después sentí un gran vacío al igual que millones de mexicanos y mexicanos; sí, México quedó eliminado del Mundial y entendí que hay derrotas que duelen, pero mientras veía que para nuestro país terminaba la oportunidad de calificar, también veía como se perdía nuestra capacidad de celebrar sin destruir.

Nos ilusionamos, sufrimos cada partido y volvimos a creer que esta generación podía llegar más lejos. Durante varios días el país entero habló el mismo idioma: el del fútbol y el de una esperanza que, aunque parecía lejana, nos hizo creer que sí era posible que México pudiera llegar a la final.

Cada partido en dónde México jugó, se convirtió en un pretexto para reunirnos con familiares, amigos, vecinos y hasta conocidos, todos frente a la televisión compartiendo comida, risas, nervios y emoción; como mexicanos, el deporte se convirtió en el pretexto perfecto para demostrarnos que todavía tenemos la capacidad de unirnos sin importar nuestras diferencias. Por otro lado, miles de personas abarrotaron las plazas públicas como el Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México; la Glorieta del Águila, en Toluca, y muchos otros puntos del país se transformaron en escenarios de una auténtica fiesta nacional para apoyar a nuestra selección mexicana;

Newsletter
Recibe en tu correo las noticias más destacadas para viajar, trabajar y vivir en EU

Y eso es justamente lo que el deporte debería provocar: unidad, identidad y momentos que permanezcan en la memoria para contar a nuestros hijos y nietos; sin embargo, conforme avanzó el torneo, también vimos el lado triste de la historia, personas que confundieron la pasión futbolera con el descontrol total.

Tras el triunfo de México sobre Corea del Sur, las celebraciones dejaron imágenes muy tristes y devastadoras, que nunca deberían acompañar una victoria; hubo destrozos, robos, consumo excesivo de alcohol y toneladas de basura abandonadas en las calles. De acuerdo con los medios nacionales, en la Ciudad de México la aglomeración de gente dejó varias personas que fallecieron a causa de asfixia y decenas de lesionados; en Tijuana, Baja California, un conductor atropelló a un grupo de aficionados, provocando la muerte de una persona y varios heridos; y en otros lugares también se registraron algunos hechos violentos; es decir, lo que debió de haber sido una fiesta nacional sin precedentes, terminó convirtiéndose para algunas familias en un día de luto.

Por lo que llevo varios días preguntándome ¿en qué momento dejamos de celebrar para empezar a comportarnos como si todo estuviera perdido?

Porque el fútbol no puede convertirse en un pretexto para destruir espacios públicos y poner en riesgo la vida de otras personas o normalizar conductas violentas que nada tienen que ver con el deporte. Una victoria nunca justificará el mal comportamiento y menos podrá costar la vida de un ser humano.

Voy a decir algo que posiblemente incomode a más de uno, pero creo -viéndolo desde esa perspectiva- que la eliminación de México fue oportuna, pues puso freno a esta escalada de desorden y falta de control social; porque, aunque me duele decirlo, al igual que a mí, a millones de personas se nos rompió el corazón y sufrimos al ver que México quedó eliminado. Pero también me pregunto, ¿qué hubiera pasado si México hubiese llegado a semifinales o finales? ¿Se hubiesen revelado nuestras más profundas carencias sociales como país?

A pesar todo, quiero quedarme con la mejor imagen de este mundial, mi primer mundial en México; la de una selección que nunca dejó de competir, que siempre jugó unido, como equipo, que dio batalla a equipos como Sudáfrica, Corea del Sur, Chequia, Ecuador e incluso Inglaterra; México peleó cada balón y nunca se vio disminuido, siempre demostró carácter y tenacidad. Quizá no alcanzó para la siguiente etapa, pero sí para recuperar la ilusión y la esperanza que durante muchos años parecía perdido.

Tan es así que hubo jugadores que conquistaron a su afición y representan esa ilusión, Gilberto Mora, “Morita”, quien con apenas 17 años debutó en un Mundial y demostró una personalidad que emociona. Sí, algunos especialistas señalan que cometió un error en el partido frente a Inglaterra, ¿y qué? Yo he visto que los grandes jugadores también se equivocan y no son crucificados. Sin embargo, lo realmente importante es ver a un niño jugar como los grandes, asumiendo responsabilidades a su corta edad.

Gil Mora representa justamente lo que necesita el fútbol mexicano: talento, juventud y la capacidad de asumir retos sin miedo.

Hoy México quedó eliminado del mundial, pero también nos deja una gran lección, la pasión por el fútbol es una de las pocas cosas capaces de unir a millones de personas al mismo tiempo, paralizando al país durante noventa minutos o más y eso tiene un enorme valor social.

Ojalá aprendamos que si de verdad queremos presumir que somos la mejor afición del mundo -porque lo somos-, debemos de empezar a demostrar que sabemos ganar con humildad, perder con dignidad y celebrar con responsabilidad.

Porque el triunfo no está solamente en levantar la copa, sino en demostrar que sabemos celebrar sin perder aquello que nos distingue en el mundo como mexicanos, nuestra calidez y alegría, pero sobre todo amables, generosos, respetuosos y cuidadosos los unos de los otros.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Te recomendamos