En México cerca del 80 por ciento de su población es urbana, mientras que una minoría reside en zonas rurales, identificadas por ser localidades de menos de 2 mil 500 habitantes y ello genera una desigualdad importante en los servicios públicos, ya que, por ser localidades muy lejanas, acercar los servicios básicos (agua, luz, transporte) genera altos costos para los gobiernos, sin embargo, alumbrar a las comunidades era el mayor reto que se enfrentaba en el mundo hasta que llegó la innovación de la a energía solar, ya que pasó de ser un tema científico y aislado para convertirse en uno de los principales avances tecnológicos en la electrificación global.
El crecimiento de la energía solar no ha sido casual. Responde principalmente a la urgencia climática y a una oportunidad económico real, derivada de la reducción de costos para hogares no sólo rurales, sino también urbanos, así como para empresas y países enteros que han apostado por esta fuente renovable. A nivel mundial la capacidad de energía solar en el mundo ha crecido de manera exponencial, impulsada por el cambio climático, lo que perfila a esta tecnología como una de las principales fuentes de electricidad para e l 2030, con China como el principal país productor y explotador de la energía solar.
México se encuentra dentro de los países con mayor radiación solar en el mundo (principalmente en el norte); no ha habido un aprovechamiento real y profundo de la energía solar, si bien, ha venido creciendo ya que actualmente cuenta con más de 1.3 millones de hogares que generan electricidad a través de los paneles solares, esto representa menos del 1% de viviendas en México con energía solar, lo cual significa que aún hay un gran potencial por desarrollar en nuestro país.
Los beneficios de la energía solar no son únicamente económicos, sino también ambientales y sociales, ya que, para muchas familias mexicanas, la energía solar representa independencia energética frente a los incrementos de tarifas y es que esta área de oportunidad la han aprovechado algunos gobiernos mediante incentivos en la construcción de viviendas sustentables, lo cual incrementa su plusvalía, ya que hoy los paneles solares son considerados como activos de eficiencia energética, no solo por la reducción de costos en el recibo de luz, ya que los sistemas solares conectados bidireccionalmente a la red de Comisión Federal de Electricidad (CFE) pueden reducir la factura eléctrica entre un 80 y 98 por ciento, impactando positivamente el presupuesto familiar.
Aunque estos beneficios son muy significativos, también los son los desafíos que se enfrentan al iniciar este nuevo cambio energético, ya que la inversión inicial aún puede ser elevada para muchos hogares, particularmente en comunidades rurales, por lo que ante este panorama, es indispensable que las autoridades apuesten por la energía solar como un recurso que puede transformar significativamente la vida de miles de personas, al mismo tiempo, fortalecer el marco regulatorio que dé certidumbre a los ciudadanos y las empresas, para que su gastos lo vean como una inversión a largo plazo.
La energía solar ya no es una promesa futura, sino una realidad del presente con grandes beneficios tangibles para millones de personas y economías enteras. En México, el sol que ilumina los techos de más de un millón de hogares representa una oportunidad de ahorro, independencia y sostenibilidad, pero también representa para unos cuantos, una nueva forma de vida, dándoles acceso a un servicio básico como lo es la electricidad, permitiéndoles tener más seguridad en sus casas, por ello, el diseño de políticas públicas que den garantía al acceso de estas innovaciones tecnológicas, así como incentivos adecuados, la revolución solar puede no solo transformar la matriz energética de nuestro país, sino también mejorar la calidad de vida de millones de mexicanos bajo el mismo sol que hoy impulsa el camino de la transición energética.
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