Nunca había sido tan bueno para México dejar de encabezar una lista y pasar de un primer lugar a un octavo en Obesidad Infantil y ahora no es motivo de vergüenza, sino una señal de avance. Durante más quince años, de acuerdo con el Atlas Mundial de la Obesidad, nuestro país había sido el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil y hoy esta realidad empieza a cambiar, y no, no fue casualidad, es el resultado de políticas públicas bien implementadas, con estrategia, compromiso y sobre todo, con rumbo claro.
Hace unos días se dieron a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, donde se identifican los países con mayor sobrepeso infantil, entre ellos: China, India y Estado Unidos. En ese contexto, México logró algo que durante años parecía inalcanzable, estabilizar el crecimiento de este padecimiento, evitando el incremento acelerado de la última década. Esto no significa que el sobrepeso y la obesidad están resueltos, pero sí marca una victoria parcial que no debe minimizarse.
Si bien no estamos en donde nos gustaría, tampoco estamos empeorando, lo cual representa una tendencia a la baja, gracias a una estrategia concreta: "Vive Saludable, Vive Feliz", una política educativa y de salud impulsada desde la Secretaría de Educación Pública del Gobierno Federal, en donde se implementaron medidas que, aunque parecían sencillas, tocaron intereses arraigados: la eliminación de comida chatarra en escuelas de educación básica.
La decisión no fue menor. Representó un posicionamiento claro del Estado: la salud de la niñez no es moneda de cambio; por lo que estableció criterios obligatorios con un enfoque integral, haciendo que se reconstruyan los hábitos desde la raíz, desde lo más profundo de la sociedad, los cuales van desde educar nuevamente nuestros gustos alimentarios, recuperar espacios escolares óptimos para el desarrollo de bienestar de las niñas, niños, jóvenes y adolescentes y asumir que los cambios empiezan en la cotidianidad del día a día.
Los datos son contundentes, uno de cada tres niños de entre cinco y once años tiene sobrepeso u obesidad, condición que abre las puertas a desarrollar un problema más grave como la diabetes y la hipertensión a edades cada vez más tempranas.
México ha sido reconocido por el Organización Mundial de la Salud al lograr una estabilización de la obesidad infantil, mediante la implementación de estrategias como el etiquetado frontal en los alimentos, que permite tomar decisiones de consumo más informadas; el impuesto a bebidas azucaradas; y la regulación de alimentos dentro de las escuelas. Medidas que incomodaron, sin embargo, ninguna medida es excesiva cuando se trata de proteger a nuestros niños.
Hoy la historia comienza a reescribirse: México ya no encabeza la lista y logró un descenso en el ranking, pero no es suficiente, aunque sí importante.
Y es que al final, este es un logro colectivo: sociedad, industria y Gobierno.
Porque la transformación empieza por nuestro cuerpo, con la salud y con la dignificación de quienes son el presente y el futuro de nuestro país, nuestras niñas y niños.
Porque cuando hablamos de ellos, no hay margen de error, protegerlos no sólo es una estrategia de una política pública, es la obligación moral de todas y todos los mexicanos.
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