La tarde del domingo se vio marcada por un espectáculo sin precedente, icónico para los latinos y no sólo porque los Seahawks (Halcones) de Seattle contaron con tres jugadores de raíz latinoamericana: Elijah Arroyo, Julián Love y Federico Maranges, sino por un medio tiempo que marcó la historia al ser el primer artista con un repertorio musical íntegramente en español, 13 minutos repletos de increíbles referencias representativas de países como el nuestro. Fueron tantos y tantos simbolismos: el niño que duerme en las sillas mientras la fiesta está en su mejor apogeo, una boda real en vivo, manicuristas, peluqueros, el ring de boxeo, la entrega de un Grammy a un niño y hasta unos ricos y deliciosos tacos mexicanos.

Ese gran espectáculo, no sólo conquistó a los fans de Bad Bunny; nos conquistó a todos quienes supimos ver más allá de las canciones. No se trata de juzgar si canta bien o mal, ni de su dicción es perfecta, ni si se le entiende cada palabra; lo realmente importante es lo profundo del mensaje de Benito Antonio Martínez Ocasio, quien se ha convertido en el portavoz del sentir de millones de latinoamericanos al decir aquello que mucho no se atreven a expresar. No es cuestión de defender o rechazar su "música", la cual algunos podrán tachar de ofensiva o machista, se trata de reconocer el valor de sus acciones, del gesto que tuvo y el significado cultural que realmente tiene.

Si bien, muchos como yo no somos expertos en música y tampoco somos o éramos fans de su música, lo que sucedió el domingo ¡claro que nos gustó!, nos gustó que apareciera Ricky Martín con un fragmento que pertenece a la canción "Lo que le pasó a Hawaii" de Bad Bunny, la cual habla sobre el despojo, la gentrificación y la pérdida de identidad de los pueblos y que recuerda cómo en 1893 fue derrocada su monarquía y después anexado por Estados Unidos, un proceso que aún genera debate sobre su soberanía, es decir, no fue solo música: fue un mensaje claro sobre territorio, memoria y dignidad cultural.

Pero también nos gustó ver a una Lady Gaga cantando en inglés uno de sus éxitos con arreglos musicales salseros, bailando junto al ritmo latino, lo que incomodó a sectores conservadores de EE. UU. El cierre del show fue igualmente contundente: con un balón de fútbol americano lanzó un mensaje inscrito en el ovoide —"Juntos somos América" —, como afirmación de que América no debería tener fronteras que dividen.

Entonces, quienes entendimos el mensaje, el medio tiempo de Bad Bunny no fue un simple entretenimiento que "amenizó" el Super Bowl: fue poner una verdad sobre la mesa, fue un recordatorio incómodo para algunos y necesario para millones; porque cuando el clima social se vuelve hostil —redadas, estigmas, miradas que criminalizan—, el arte deja de ser escape y se convierte en un lenguaje de defensa. Y lo que él hizo fue eso: usar el foco más grande del planeta para decir, sin discursos largos, que la cultura latina no se esconde, no se disculpa y no se apaga. Porque ser latino es un orgullo y hay que celebrarlo todos los días.

Pero el mensaje más importante y es el que resuena en nuestra cabeza y en nuestros corazones es: LA ÚNICA COSA MÁS PODEROSA QUE EL ODIO ES EL AMOR. Esa es la clave para unir a América y para que millones de latinos dejen de sufrir en tierras ajenas, vivan sin miedo y puedan disfrutar la vida. Porque, cuando uno está vivo, debe amar, vivir y disfrutar todo lo que pueda; La vida solo es una.

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