Con afecto y con amor
Permítanme hablarles hoy desde lo más profundo de mi corazón y, con mucho dolor, expresarles la injusticia que viven unos jóvenes, hombres y mujeres a quienes admiro profundamente. Ellos son unos héroes de la historia educativa de nuestro país.
Por ahí del año 2019 tuve el honor y privilegio de ser parte de CONAFE, aquí en el Estado de México. En ese momento no sabía qué me iba a cambiar la vida; no sabía que iba a conocer a las personas más apasionadas y talentosas del mundo: hombres y mujeres comprometidos con la educación.
Gracias a ellos no sólo conocí todos los rincones de nuestro hermoso estado, sino también las necesidades reales de las comunidades más alejadas del país, pues los maestros rurales están presentes en los lugares más apartados, en los rincones más alejados, en las comunidades que sufren los más altos grados de pobreza y marginación. En esos lugares, siempre hay un maestro rural: una figura educativa, un educador comunitario, un joven que lleva esperanza a esas comunidades y a los Círculos, y brinda lo mejor que tiene: sus conocimientos y su pasión por México.
Hoy, en este espacio, quiero hablarles con mucho sentimiento, porque lo que ellos hacen no es un servicio social: es un trabajo real, un acto de amor, un compromiso con el futuro y una promesa a los millones de niñas y niños, jóvenes y adolescentes que dependen de los maestros rurales para transformar sus vidas.
Sin estos maestros rurales, las niñas, niños, jóvenes y adolescentes no tendrían la oportunidad de tener a su alcance una educación comunitaria de calidad como la que hoy reciben gracias al CONAFE, pues ellos abrazaron el reto que representa guiar a sus alumnos (Educación Inicial, Básica y Círculos), venciendo distancias, carencias, rezagos y adversidades de todo tipo. Ellos, siempre presentes en donde falta todo o casi todo; ahí, donde todo parecería estar perdido, CONAFE está presente, alimentando la mente de cada alumno y alumna y, en cada comunidad, la convicción de seguir adelante, pero, sobre todo, de salir a conocer el mundo.
Pero nada de eso ha parecido ser suficiente para que su labor sea reconocida, ya que el apoyo que reciben es tan simbólico que incluso es menor al del programa de Jóvenes Construyendo el Futuro, lo cual me parece contradictorio con lo que pretende el esquema de la Nueva Escuela Mexicana: la revalorización del sistema educativo. Los maestros rurales merecen un reconocimiento y una remuneración justa por la gran labor que desempeñan día a día, ya que, sin su pasión, vocación, compromiso y dedicación, nada de lo que hoy se ha logrado en el CONAFE sería posible. Y es que este trabajo no es solo una labor: es una misión de vida, porque todos los conaferos que se van siempre regresan a donde una vez fueron felices.
Sigamos construyendo sueños; Sigan Haciendo Historia; sigan transformando vidas, porque el futuro está en sus manos. No claudiquen, que nadie los silencie y que se haga justicia a sus peticiones, que no son infundadas. Sigan haciendo historia, pues segura estoy de que se hará justicia a la hermosa labor que desempeñan día a día y su historia será recordada por generaciones.
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