Octubre nos recuerda la importancia de la detección del cáncer de mama; sin embargo, no solo es un listón rosa, porque detrás de ese simbolismo hay millones de mujeres que están enfrentando dolor, miedo y la incertidumbre de vivir con esta enfermedad. Hay citas médicas, noches sin dormir y preguntas que cuesta pronunciar: ¿qué va a pasar conmigo?, ¿quién cuidará de mí y/o de mis hijos?, ¿cómo vamos a pagar?, en fin, tantas preguntas que parecen no tener respuestas...
Hay mujeres intentando reconocerse después de la pérdida que puede implicar una cirugía, y también hay hombres que reciben este diagnóstico, es decir, alrededor de ellos, existen familias que reorganizan sus vidas, ajustan sus gastos y aprenden a cuidar mientras enfrentan sus propios temores.
Si bien, el cáncer de mama afecta principalmente a las mujeres, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre el 0.5 y 1 % de los casos ocurre en hombres; por lo que también ellos necesitan reconocer los síntomas y acudir a consulta sin que la vergüenza se convierta en una barrera.
Para México, las estimaciones de GLOBOCAN de 2022 equivalen a unos 85 nuevos casos diarios; es decir, decenas de personas cuya vida cambia cada día al escuchar un diagnóstico que nadie está preparado para recibir.
Por ello insistimos en la detección oportuna, pues si bien, el riesgo aumenta con la edad, las personas jóvenes también pueden enfermar; por lo que cualquier cambio sospechoso merece una valoración médica pronta, así como los estudios que correspondan.
Llegar temprano puede ampliar las opciones de tratamiento, ya que no siempre es necesario retirar toda la mama; según cada caso, pueden utilizarse cirugía conservadora, medicamentos y radioterapia; esa decisión requiere información clara, tiempo para preguntar y un equipo médico que escuche.
Cuando la mastectomía es necesaria, salvar la vida puede venir acompañado de un duelo que merece atención: verse al espejo, vestirse o recuperar la intimidad puede convertirse en un proceso emocionalmente difícil. Decirle a una mujer "lo importante es que estás viva" puede dejar sin espacio lo que también necesita expresar: tristeza, enojo, dolor o miedo. Agradecer la vida y sentir dolor por lo perdido pueden existir al mismo tiempo.
En el Estado de México contamos con servicios especializados, pero su existencia debe traducirse en atención accesible y continua. La capacidad de respuesta se demuestra cuando una persona recibe su diagnóstico a tiempo, encuentra sus medicamentos y puede completar el tratamiento sin quedar atrapada entre trámites y traslados.
También se demuestra cuando hay apoyo psicológico desde el diagnóstico y después de la cirugía. Mujeres y hombres necesitan hablar de sus emociones, de su cuerpo y del temor a una recaída; y quienes cuidan, requieren orientación y descanso.
Que octubre nos deje algo más que un listón: la conciencia de conocer nuestro cuerpo, autoexplorarnos y buscar valoración médica ante cualquier cambio, recordando que la autoexploración no sustituye la mastografía ni los estudios indicados. También debe dejarnos una responsabilidad compartida: exigir atención oportuna y acompañar a quienes enfrentan la enfermedad.
A las mujeres que viven el duelo por la pérdida de una mama, no les pidamos que apresuren su aceptación ni que oculten su tristeza para tranquilizarnos; su dolor merece escucha, respeto y apoyo. La empatía comienza cuando dejamos de decirles cómo deberían sentirse y preguntamos qué necesitan. Ninguna mujer debería tener que elegir entre agradecer que está viva y llorar por lo que ha perdido. Como sociedad, debemos hacer espacio para ambas cosas y permanecer a su lado.
Que octubre nos deje algo más que un listón: la conciencia de conocer nuestro cuerpo, autoexplorarnos y buscar valoración médica ante cualquier cambio, recordando que la autoexploración no sustituye la mastografía ni los estudios indicados. También debe dejarnos una responsabilidad compartida: exigir atención oportuna y acompañar a quienes enfrentan la enfermedad.
A las mujeres que viven el duelo por la pérdida de una mama, no les pidamos que apresuren su aceptación ni que oculten su tristeza para tranquilizarnos. Su dolor merece escucha, respeto y apoyo. La empatía comienza cuando dejamos de decirles cómo deberían sentirse y preguntamos qué necesitan. Ninguna mujer debería tener que elegir entre agradecer que está viva y llorar por lo que ha perdido. Como sociedad, debemos hacer espacio para ambas cosas y permanecer a su lado.
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