México atraviesa un momento histórico, ya que el 2025 marcó el primer año de un nuevo gobierno federal encabezado por la primera mujer Presidenta del país, la Dra. Claudia Sheinbaum. Este hecho no sólo representa un cambio, sino también una oportunidad real para redefinir la forma de gobernar, poniendo al centro a las personas y no a los privilegios. Como toda transición, este periodo estuvo acompañado de ajustes institucionales y reacomodos políticos que evidenciaron quiénes apuestan por una transformación profunda y quiénes creen que basta con cambiar la imagen para seguir haciendo lo mismo.
Ante este contexto, deseo que el 2026 se presente como un año clave para continuar la consolidación del segundo piso de la Cuarta Transformación. No sólo es continuar una agenda política, sino profundizar una visión humanista del poder público, en la que el pueblo sea el eje de todas las decisiones. Gobernar con y para la gente como se ha hecho de forma cotidiana en los gobiernos de la transformación y no sólo en discurso cómo se hacía en los gobiernos pasados, es decir, impactando de manera profunda y tangible la vida de las y los mexicanos.
Uno de los avances más visibles ha sido la recuperación del empleo formal, el aumento del salario mínimo y la mejora de las condiciones laborales, sin embargo, el gran desafío sigue siendo garantizar trabajo digno, bien remunerado y estable para todas y todos, de manera que las familias mexicanas cuenten con certeza y seguridad económica.
En este camino, los Programas para el Bienestar han demostrado ser un pilar fundamental de la política social, especialmente para adultos mayores, jóvenes y mujeres. Sin embargo, el reto es mayor: asegurar que ningún mexicano, sin importar su edad o condición, quede excluido de un sistema que garantice condiciones de vida dignas y equitativas.
La educación, por su parte, debe seguir siendo el eje transformador del país, por lo que es importante continuar fortaleciendo el modelo educativo con enfoque comunitario y humanista para formar ciudadanos críticos, conscientes y comprometidos con su entorno. Invertir en la educación de niñas, niños y adolescentes no es un gasto, sino la base para consolidar un futuro con oportunidades reales y competitivas.
Otro de los grandes pendientes es la seguridad alimentaria. Garantizar el acceso a alimentos de calidad no solo implica combatir el hambre, sino también atender los problemas de mala nutrición y enfermedades como la diabetes y la obesidad que afectan especialmente a la niñez. Un país bien alimentado es un país más sano, más fuerte y con mayores posibilidades de desarrollo.
El progreso económico debe llegar a todos los rincones del país, por lo que la generación de proyectos estratégicos que impulsen la economía local y regional es esencial para reducir desigualdades y ofrecer oportunidades incluso en las comunidades más alejadas y marginadas.
Nada de esto es posible sin una ciudadanía activa y participativa y ello significa que la participación ciudadana no es limitativa al ejercicio del voto; la participación ciudadana es la base de un país más justo y equitativo y eso se construye todos los días con información, comunicación y corresponsabilidad. Como bien lo dijo nuestro líder moral, el Presidente Andrés Manuel López Obrador: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.
En materia de derechos humanos, especialmente los de las mujeres, se han dado pasos importantes, pero aún insuficientes. Vivir libres de violencia, con seguridad y con igualdad de oportunidades -reales- debe dejar de ser una aspiración y convertirse en una realidad cotidiana, respaldada por instituciones firmes y comprometidas.
La seguridad pública, de igual forma, debe mantenerse como una prioridad permanente del Estado. Fortalecer estrategias diferenciadas por región, atendiendo las causas de la violencia, es indispensable para devolver la tranquilidad a los hogares y garantizar el derecho a vivir sin miedo.
Finalmente, no se puede hablar de futuro sin considerar el cuidado del medio ambiente. Generar conciencia colectiva sobre la protección de nuestros ecosistemas es una responsabilidad compartida con las nuevas generaciones, quienes heredarán las consecuencias de nuestras decisiones actuales.
México se construye desde la identidad, la cultura y el sentido de pertenencia. Fortalecer nuestras raíces, usos y costumbres nos permite avanzar con orgullo y cohesión social. El 2026 debe ser un año para reafirmar que la transformación no sólo es política, sino también social, cultural y humana. Solo así podremos construir, juntas y juntos, el país que anhelamos: uno con esperanza, justicia y dignidad para todas y todos.
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