El mezcal del Estado de México atraviesa una etapa decisiva. Lo que durante décadas fue una actividad rural y de escala familiar hoy enfrenta la exigencia de insertarse en un mercado regulado y globalizado. La calidad está probada; el verdadero desafío es construir condiciones estructurales que permitan competir en igualdad de circunstancias.
La Denominación de Origen Mezcal no sólo abrió una oportunidad histórica para la entidad; representa además la primera y única denominación de origen con la que cuenta el Estado de México. Son 15 municipios del sur mexiquense los que forman parte de esta declaratoria, una región que en conjunto representa cerca del 25% de la superficie estatal. Esto habla de una vocación productiva amplia y de un activo estratégico que combina territorio, tradición y patrimonio biocultural del sur mexiquense.
Sin embargo, el proceso de certificación implica costos técnicos y administrativos significativos que, para pequeños productores, representan una barrera real de entrada. La formalidad es indispensable para acceder a mercados nacionales e internacionales, pero su diseño actual no siempre distingue entre escalas productivas ni capacidades financieras.
A este entorno regulatorio se suma el esquema fiscal vigente. El diseño del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios aplicado a bebidas alcohólicas impacta directamente la estructura de costos del mezcal artesanal. Cuando la carga tributaria no reconoce la naturaleza y dimensión de los productores, se genera una desventaja competitiva que limita su crecimiento y dificulta la formalización.
Pese a ello, la exposición internacional de los mezcales mexiquenses ha confirmado que existe un mercado interesado en productos con identidad, trazabilidad y origen territorial claro. La presencia en ferias especializadas, encuentros con compradores y prensa demuestra que el potencial está ahí; lo que falta es consolidar una estrategia sostenida de posicionamiento y acompañamiento institucional.
Hoy, además, el esfuerzo ya no es aislado. Los mezcales y destilados del Estado de México trabajan de manera articulada con mezcaleros de distintos estados, así como con productores de sotol y bacanora. El objetivo es común: fortalecer al productor, modernizar el entorno regulatorio y proyectar a México como un referente global en destilados de origen.
El mezcal mexiquense no busca privilegios, sino condiciones equitativas para competir. Con certificación viable, un esquema fiscal más acorde a su realidad y una estrategia de promoción integral, puede consolidarse como un referente diferenciado que exporte no solo producto, sino identidad y desarrollo regional.
Se está recorriendo el camino, se está trabajando en equipo, se está construyendo una historia que beneficie a todos y ponga el nombre de México en el paladar del mundo.
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