Cada 06 de enero en México se despierta con el aroma de la rosca y la ilusión de los zapatos llenos de juguetes; sin embargo, detrás de la narrativa de los tres reyes de Oriente, existe una realidad estructural que los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos obligan a mirar de frente, porque en millones de hogares en nuestro país la magia no llega en camello, sino que se construye a través de jornadas dobles, ahorros y una resistencia admirable, teniendo como verdaderas protagonistas a las Reinas Magas.
Según las estadísticas publicadas por el INEGI, el panorama de la jefatura femenina ha dejado de ser una excepción para convertirse en un pilar demográfico; ya que, de los más de 21 millones de mujeres que son madres en el país, el 11% se identifica como madres autónomas. Esta cifra ha mostrado un crecimiento sostenido frente a décadas anteriores. Asimismo, se encuentra que 3 de cada 10 hogares en México son encabezados por mujeres, de tal manera que las Reinas Magas no solo enfrentan el reto logístico de conseguir el o los juguetes deseados, sino que sufren una brecha económica real.
En México, el 70% de las madres autónomas son económicamente activas, pero también cuentan con una carga de cuidados no remunerados que representan una duplicidad de actividades en comparación con los hombres. Así que, los regalos que aparecieron bajo el árbol de navidad el pasado 06 de enero son, en muchos casos, el resultado de una gestión financiera heroica en hogares en donde el 65% del ingreso proviene únicamente del esfuerzo y trabajo de mamá.
La figura de la Reina Maga es un símbolo de corresponsabilidad pendiente. Mientras que en el imaginario los Reyes Magos son visitantes anuales, en la cotidianidad mexicana, las madres autónomas son proveedoras, cuidadoras y gestoras de sueños los 365 días del año. Y hoy, vemos que en México más de 11.5 millones de mujeres son las que toman las decisiones finales de su hogar, incluyendo mantener vivas las tradiciones que dan cohesión social a nuestro país. Por ello, celebrar el 06 de enero debe ser también un ejercicio de conciencia, porque no se trata solo de aplaudir el sacrificio que realizan las madres, sino de exigir políticas públicas que respalden los sistemas de cuidados, igualdad salarial y seguridad. Porque mientras la tradición nos habla de oro, incienso y mirra, la realidad nos muestra madres que, a pesar de la inflación y la precariedad, deciden que la ilusión de sus hijos e hijas no es negociable.
De tal manera que, cada 06 de enero que veamos una sonrisa infantil frente a un juguete, recordemos que detrás de ella había una mujer que, sin capa ni corona, hizo posible lo imposible. Gracias a cada una de las mamás que este año llenaron una vez más de magia e ilusión a las infancias de nuestro país.
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