Alejandra Carrillo

Niñas libres, sabias y seguras

Tiempo de las mujeres

Cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña nos interpela sobre el modelo de sociedad que estamos construyendo. No se trata solo de una fecha conmemorativa en el calendario internacional, sino de una exigencia ética imprescindible de garantizar que cada niña, independientemente del territorio o contexto socioeconómico en el que nazca, tenga la libertad absoluta de habitar el mundo sin miedo y con el horizonte totalmente abierto a sus capacidades.

Proteger a las niñas implica asegurar las condiciones materiales y sociales para que desplieguen su potencial intelectual, creadora y física. Porque queremos ver a más niñas liderando laboratorios científicos, rompiendo marcas en las pistas y canchas deportivas, creando literatura que cuestione y conmueva, o transformando el espacio público; pero para que una niña aspire a ser científica, atleta o escritora, primero necesita estar viva, segura y libre de cualquier forma de violencia.

En México, las cifras oficiales revelan las deudas estructurales que persisten con las niñas, pues de acuerdo con datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) e Instituciones de Salud, solo en 2025 se atendieron en hospitales del país, más de 10,300 niñas y adolescentes de entre 1 y 17 años por violencia sexual, además de más de 17,200 casos por violencia familiar. Asimismo, más de 1.5 millones de adolescentes de entre 12 y 17 años experimentaron situaciones de ciberacoso y violencia digital en el último año.

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El embarazo en niñas menores de 15 años es, por definición médica y legal, el resultado de violencia y abuso sexual, en México, de acuerdo con cifras oficiales del INEGI y la Secretaría de Salud, en 2025 se registraron 5,876 nacimientos en niñas de 10 a 14 años. Si ampliamos la cifra a adolescentes de 10 a 17 años, los registros alcanzan más de 85,000 nacimientos en un solo año, arrebatado de golpe la infancia y truncando sus proyectos de vida.

El embarazo infantil y la violencia son fallas sistémicas que debemos erradicar con políticas públicas transversales, educación sexual integral, justicia expedita y entornos comunitarios seguros. Garantizar la seguridad de las niñas no es una concesión ni una meta abstracta; es la condición habilitante para que puedan existir con plenitud. Que ninguna niña tenga que cambiar sus cuadernos, sus microscopios o sus tenis de entrenamiento por una maternidad forzada. Garantizar su libertad y su seguridad es la única vía para que el futuro de México se escriba en femenino, con ciencia, arte, deporte y dignidad.

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