La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 11 de febrero el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, teniendo como objetivo visibilizar el papel de las mujeres en la ciencia y promover el acceso igualitario. Dado que las mujeres seguimos estando subrepresentadas en la investigación a nivel mundial, representando menos de un tercio del total de investigadores, según la UNESCO.
El 11 de febrero es un recordatorio de que, durante siglos, la humanidad ha excluido a las mujeres en los campos de la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM), teniendo como consecuencia que el mundo haya perdido la mitad de su capacidad creativa y resolutiva.
A pesar de los avances, la brecha de género en la ciencia continúa siendo una realidad estructural. De acuerdo con datos de la UNESCO, menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación en el mundo son mujeres. Esto no se encuentra relacionado a la falta de capacidad del género femenino, sino a un sistema en donde los estereotipos son establecidos desde la infancia, en donde hay una falta de referentes femeninos y también se da la creación de entornos hostiles en donde la maternidad y la falta de políticas de conciliación en las academias suelen penalizar más a las investigadoras que a sus colegas varones.
Tomando en cuenta los factores que han influido dentro de la sociedad para evitar que las mujeres se desarrollen plenamente dentro de los campos STEM, es necesario que las niñas tengan referentes de mujeres científicas a través de los libros de texto para que no vean a la ciencia como una opción, sino como un derecho. Y junto con ello se requiere derribar el mito de que para lograr ser científica se debe sacrificar la vida personal.
En México, lograr ser investigadora y consolidarse no es una tarea fácil, y las cifras del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNI) muestran que efectivamente ha habido un aumento del 60.7 por ciento entre el 2019 y 2025 de mujeres integrantes del, representando el 41 por ciento del total del padrón total; sin embargo, la distribución en los niveles del SNI sigue siendo desigual, pues el nivel candidato las mujeres representan un 48 por ciento, nivel I son el 41 por ciento, del nivel II la cifra baja al 36 por ciento y del nivel III, que es el más alto, solo el 24 por ciento son mujeres.
Los datos anteriores nos invitan a reflexionar que, si bien el ingreso al nivel Candidato es casi paritario, muchas mujeres van perdiendo la oportunidad de subir de nivel debido a factores como la carga de cuidados, la falta de políticas de conciliación y sesgos de evaluación que históricamente han favorecido las trayectorias lineales masculinas. Por ello, hoy el reto es pasar del discurso a la acción, otorgando más becas a mujeres para que hagan investigación, dar mayor visibilidad a las investigadoras actuales; pero, sobre todo, se requiere empezar desde la infancia, dar una educación a cada niña en donde se le diga que su curiosidad tiene el poder de transformar el mundo, enseñarles a cuestionar y hacerles saber que la ciencia es para todas y todos.
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A pesar de los avances, la brecha de género en la ciencia continúa siendo una realidad estructural.
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