Alejandra Carrillo

El techo de cristal también existe en las ciencias sociales

Tiempo de mujeres

Cuando nos hablan de que una persona hace ciencia, nuestro imaginario colectivo nos lleva casi en automático a visualizar a alguien con una bata blanca, en un laboratorio, utilizando tubos de ensayo y de muy probablemente se piense que la tarea es desarrollada por un hombre. Lamentablemente, desde la niñez no nos enseñan que existe otro tipo de laboratorio, uno sin paredes y mucho más complejo: la sociedad. Y en el campo de estudio de las ciencias sociales, las mujeres científicas han sido y son, las arquitectas de una revolución fundamental.

Es importante mencionar que durante décadas se ha perpetuado una jerarquía tácita en la academia, pues las ciencias duras como la física, la química o las matemáticas han sido colocadas en un pedestal de objetividad indiscutible, mientras que las ciencias sociales como la sociología, la ciencia política, la antropología o la psicología, a menudo luchan por validar su rigor científico; y en esta batalla, las mujeres científicas sociales enfrentan una doble barrera: la de su género y la del desprestigio histórico de nuestra disciplina.

Poco se habla de que las mujeres en la sociología, la historia, la antropología han tenido la valentía de girar la mirada hacia los espacios en donde la academia tradicional, dominada por los hombres, solía ignorar. Fueron ellas quienes empezaron a medir y visibilizar el valor del trabajo de cuidados no remunerado, quienes diseccionaron las dinámicas de poder dentro del hogar y quienes a través de los datos duros explicaron la violencia sistémica.

Newsletter
Recibe en tu correo las noticias más destacadas para viajar, trabajar y vivir en EU

Dentro de la ciencia no es que las mujeres tengan la esencia diferente para investigar, sino que la experiencia vivida les permite formular preguntas distintas. Las científicas sociales aportan el "por qué" detrás del "qué". Nos recuerdan que detrás de cada estadística de desempleo hay una historia familiar, y que detrás de cada migración masiva hay un tejido geopolítico roto. Las científicas sociales humanizan el dato sin perder el rigor metodológico.

Reconocer a las mujeres en las ciencias sociales es un imperativo de calidad científica, si se excluye su visión se obtiene una imagen del mundo incompleta y sesgada. Y no olvidemos que el desarrollo de la ciencia no se mide solo por la velocidad de los procesadores o la altura de los rascacielos, sino también por la capacidad para entendernos a nosotros mismos y vivir mejor en comunidad; y en esa tarea, las científicas sociales son las protagonistas que sostienen el espejo donde la humanidad, con todas sus imperfecciones, debe mirarse para poder avanzar.

A pesar de que hoy en día en las facultades de ciencias sociales hay más mujeres y de que se ha logrado un ascenso en la jerarquía académica por parte del género femenino hacia los rectorados, los consejos editoriales de revistas de alto impacto, las mujeres continúan enfrentando desafíos como la brecha de citación, pues los trabajos firmados por hombres tienden a ser más citados que los de sus colegas mujeres; asimismo, se encuentra la legitimidad temática pues a menudo los temas de género, familia o desigualdad estudiados por mujeres son considerados como temas de nicho.

Necesitamos los datos, interpretaciones y preguntas de las científicas sociales, porque una ciencia social que no incluye la mirada completa de las mujeres, no es una ciencia sobre la sociedad; por ello, requerimos ver a las ciencias sociales como la columna vertebral de nuestra convivencia, una columna que, en gran medida, ha sido fortalecida por mentes de mujeres.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: , Facebook: y X:

Te recomendamos