Alejandra Carrillo

El empoderamiento de las niñas no es opcional

Tiempo de las mujeres

Cuando hablamos del techo de cristal, la mayoría de las veces se hace referencia al que enfrentan las mujeres adultas en el campo laboral; sin embargo, si miramos con atención, la falta de grietas en él comienza mucho antes: en el patio de la escuela, en el salón de clases, hasta en los cuentos que leemos antes de ir a dormir. Por ello, empoderar a las niñas es de las cosas más importantes que debe hacer la sociedad.

Pero, para poder empoderar a las niñas, ¿por dónde hay que comenzar? El empoderamiento comienza con la convicción de que su voz tiene valor. Cuando una niña crece en un entorno que, valida su curiosidad, respeta su autonomía, su espacio y su cuerpo, desarrolla lo que la psicología llama la autoeficacia. No se trata de decirles que pueden ser lo que quieran, de forma vacía, sino de proporcionarles las herramientas reales para que esa posibilidad sea tangible.

Se necesita brindar una educación sin sesgos, rompiendo la idea de que hay materias para niños y materias para niñas, así como talleres o actividades extracurriculares destinadas a un género u otro. También se requiere fomentar que asuman roles de toma de decisiones en casa con su familia y su comunidad. Y de igual manera garantizarles un entorno donde su integridad física y emocional no esté en riesgo.

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El empoderamiento de las niñas no sólo se trata de justicia social, sino también se busca crear un efecto dentro de la economía, al respecto, organismos internacionales mencionan que cuando las niñas permanecen en la escuela y retrasan el matrimonio y la maternidad, el PIB de una nación crece, porque una niña con educación tiene más probabilidad de inmunizar a sus hijos e hijas, de participar en la fuerza laboral formal y de reinvertir el 90% de sus ingresos en su familia y comunidad.

A pesar de los avances que se tienen, las niñas aún enfrentan barreras específicas como la brecha digital, la carga desproporcionada de tareas del hogar y los estándares de belleza irracionales amplificados por las redes sociales. De tal manera que el empoderamiento debe actuar como un escudo crítico contra estas presiones, enseñándoles que su valor reside en su intelecto y su carácter, no es su apariencia.

Si queremos un mundo capaz de resolver crisis climáticas, pandemias y conflictos globales, no podemos seguir ignorando el potencial de la mitad de la población joven. El empoderamiento de las niñas es el puente entre el mundo que tenemos y el mundo que necesitamos.

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