Cada 8 de marzo las calles de México se tiñen de violeta, es un día de consignas, de sororidad y, sobre todo, de exigencia. Es una fecha que nos muestra la realidad que sigue operando bajo una lógica de desigualdad estructural; por ello, hay que recordar que no se trata de un día para celebrar. Es, en su origen y esencia, una jornada de lucha por derechos laborales, civiles y humanos.
El 8M debe ser un día incómodo para el status quo. Que esta emblemática fecha nos haga cuestionar nuestros propios sesgos, nuestras dinámicas de poder o el silencio ante la violencia. Recordando que para el logro de una igualdad es necesaria la práctica diaria que requiere voluntad política, educación y, sobre todo, la honestidad y reconocimiento de lo que aún falta por recorrer para lograrla.
Una de las problemáticas más graves que existen en nuestro país es la violencia en razón de género hacia las mujeres. A pesar de las narrativas oficiales que hablan de una baja histórica en feminicidios, los datos nos muestran una realidad dolorosa. En 2025, México cerró con un aproximado de 721 feminicidios, teniendo en promedio 2 mujeres asesinadas al día por razones de género. Pero si sumamos los homicidios dolosos de mujeres, la cifra real escala a cerca de 10 muertes violentas diarias. Lo que se muestran aquí no son solo números; son mujeres que tenían proyectos de vida y fueron truncados por una violencia sistemática que no distingue edades ni contextos.
Ligado a los feminicidios se encuentran las desapariciones forzadas, convirtiéndose en una característica estructural. De acuerdo con reportes de la Red Lupa, en 2025 se registró un aumento del 12 por ciento de personas desaparecidas respecto al año anterior. Pero la situación de las mujeres es particularmente alarmante, a nivel nacional se estima que cerca de 40 personas desaparecen diariamente. Y una de cada seis personas es menor de edad, representando a las niñas y adolescentes la mayoría de los casos.
Y ¿qué pasa en el Estado de México? Nuestra entidad ha sido históricamente la que concentra la mayor cantidad de carpetas de investigación por feminicidio y desaparición a nivel nacional. En los últimos años, el Estado de México se mantiene en los primeros lugares de incidencia junto con Chihuahua y Ciudad de México. La situación en la entidad mexiquense es tan recurrente que se ha normalizado en diferentes municipios, reflejando una falta multiorgánica en las políticas de prevención y búsqueda inmediata.
El 8 de marzo no es una celebración, es un recordatorio de que mientras las mujeres no podamos caminar seguras en la calle o regresar con bien a nuestras casas, el progreso que se difunde es solo una ilusión. Porque las estadísticas no son metas cumplidas, sino indicadores de una emergencia nacional. La justicia no llegará solo con plasmar las leyes en papel, sino con la erradicación de la impunidad que hoy permite que el 95 por ciento de estos delitos cometidos hacia las mujeres quede sin castigo.
Gracias a cada una de las mujeres que ha marchado, que ha alzado la voz exigiendo justicia, el respeto y reconocimiento a nuestros derechos, gracias a ustedes es que hoy puedo escribir estas líneas. No dejemos de luchar hasta lograr que la igualdad, nuestra seguridad y empoderamiento sean una realidad para nosotras y todas las niñas.
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